La banda Petro

Verónica Alcocer no fue la primera dama de Colombia. Fue la mujer de los negocios de la familia Petro.

Desde que ganaron las elecciones comenzó a repartir el poder con una pregunta que resume la catadura moral del régimen que gobernó durante cuatro años: «¿Usted qué quiere: puestos o negocios?».

Es decir: ¿quiere trabajar o quiere robar?

Esa era la disyuntiva que la señora Alcocer les planteaba a quienes habían acompañado la campaña de Petro. No les preguntaba cómo podían servirle al país, qué experiencia tenían o en qué lugar serían útiles. Les ofrecía un pedazo del Estado.

Así comenzó el saqueo. Alcocer se encargó de estructurar un entramado de influencias, intermediarios y negociantes para chupar el erario colombiano. No actuó sola. A su alrededor aparecieron su entonces mujer de confianza, la española Eva Ferrer, y Manuel Grau, otro español que encontró en el gobierno de Petro una oportunidad que difícilmente habría tenido en su propio país.

Ese par de hampones, Ferrer y Grau, fueron los protagonistas de una nueva conquista española.

No llegaron con carabelas, espadas ni armaduras. Llegaron a los despachos públicos, se acercaron a Ecopetrol y se movieron alrededor de los miles de millones de dólares que administra la empresa más importante de Colombia.

Eva Ferrer conoce bien lo ocurrido. Fue confidente, acompañante y operadora de Alcocer. Por eso sus revelaciones tienen tanta importancia. No habla una adversaria política ni una desconocida, sino una mujer que estuvo cerca, que vio, que oyó y que conoció las tramoyas que se tejieron en torno a los negocios del poder.

Ahora Verónica Alcocer está asustada.

Después de participar durante cuatro años en ese entramado, decidió enviarle una carta a la Fiscalía General de la Nación para pedir que la investiguen. Pretende revestir la solicitud de transparencia y dignidad, como si fuera una ciudadana ultrajada que reclama que limpien su nombre.

¿Por qué pide que la investiguen? Una persona señalada de intervenir en negocios públicos, rodeada por antiguos colaboradores que empiezan a contar lo que saben y sancionada por las autoridades de los Estados Unidos por su participación en actividades relacionadas con el narcotráfico, no suele acudir con tanta confianza ante la justicia.

A menos, por supuesto, que conozca de antemano el resultado.

La carta de Alcocer puede ser apenas el primer acto de una absolución previamente arreglada. Pide una investigación porque acaso sabe que la investigación no llegará a ninguna parte, que las pruebas desaparecerán, que los fiscales no preguntarán lo que deben preguntar y que al final podrá presentarse como víctima de una persecución inexistente.

No se necesitan cartas. Se necesita que la justicia determine cuánto dinero robó la banda Petro, qué negocios promovió Alcocer, cuáles fueron los papeles de Eva Ferrer y Manuel Grau, cómo penetraron a Ecopetrol y quiénes recibieron contratos, cargos y favores por orden de la entonces esposa del presidente.

Nicolás Petro ya está en juicio y estuvo privado de la libertad. Verónica Alcocer está bajo graves señalamientos. Y Gustavo Petro fue el jefe del régimen que les permitió a todos utilizar el poder en su propio beneficio.

No fueron una familia presidencial. Fueron una banda presidencial.

Una familia de cuatreros que durante cuatro años confundió el Estado con una hacienda propia, repartió cargos y negocios entre sus amigos y llenó sus alforjas mientras millones de colombianos pagaban la cuenta.

La justicia no tiene que investigar una carta. Tiene que desmantelar la banda Petro.

@IrreverentesCol

Publicado: agosto 6 de 2026

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