Todo tiene su final

Nada dura para siempre, dice la canción de Willie Colon, cantada magistralmente por la voz inconfundible de Héctor Lavoe. Lavoe es la más clara demostración que todo acaba en cualquier momento pero que en realidad se transforma. Todo es impermanente: la belleza de la juventud es pasajera, y se convierte en una bella vejez. La flor se marchita en el jardín, pero aparecen nuevas flores. El campeón mundial finalmente deja de serlo y aparece otro campeón. La canción es una reflexión que plantea que nada escapa a esa verdad universal e inexorable.

Pero, esa sentencia que todo cambia y no desaparece para siempre, sino que se transforma, es el caso del Progresismo o Socialismo del Siglo XXI. Este definitivamente llego a su destino final en Colombia y creo que esta vez para siempre, y si no se transforma, tendera a su desaparición.

Petro enterró definitivamente la izquierda colombiana. Lo que hubiese podido ser un movimiento político alternativo con coherencia social. Petro aparento ser un demócrata y el pueblo le dio su oportunidad. Es verdad que sus discursos tenían cierta poderosa razón social y eso lo llevo a ganarse el voto popular.

No es mentira que la inequidad es mucha y se debe mirar con especial atención, pero con la política del “Capitalismo Social”, es decir “economía de mercado con Estado de bienestar” como lo determina; el llamado modelo noruego.

Ese modelo debe mantener las bases del capitalismo; propiedad privada, libre empresa y mercados, pero debe necesariamente incorporar un compromiso con el bienestar social y la reducción de las desigualdades. Y realmente de eso trata el gobierno del presidente De la Espriella Otero en su discurso de “extrema coherencia” en el marco de la política; “La Patria Milagro”.

Una vez en un foro mundial de socialdemócratas (como lo era Olaf Palmer), un comunista mamerto, con mucho ufano le comento a Palmer que su política sería que los ricos dejaran de serlo, y Palmer le respondió que su política haría todo lo contrario; que los pobres pudieran ser ricos.

El objetivo final es que el Estado mejore las condiciones de vida de quienes tienen menos recursos y no empobrecer a quienes generan riqueza y pagan impuestos.

Lo que demostró el gobierno de Petro fue una intoxicación ideológica marxista -capitalista; estatizar todo en el marco de una economía de mercado. Desparecer la competitividad y no incentivar la libre empresa, y solo aplicar la política de entrega de subsidios con la sola intención estratégica de tener al pueblo subyugado y el voto popular a futuro asegurado.

Petro en su incapacidad para ejecutar su revoltillo ideológico y ante la estabilidad de los otros poderes públicos, no le quedo más alternativa que incitar al odio de clases y caer en la violencia. La violencia no es otra cosa que el arma de los mediocres.

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