La JEP es una vergüenza

Resulta perfectamente inaceptable que el lavadero de culpas que existe en Colombia bajo la denominación de «jurisdicción especial para la paz», le permita al genocida, violador de niños, secuestrador y traficante de drogas Rodrigo Londoño, alias Timochenko, salir del país, para atender una supuesta invitación extendida por un partido de extrema izquierda de España. 

Según ha trascendido, alias Timochenko, estará en Madrid hasta el próximo 14 de julio. Increíblemente, el espacio Schengen permite que un terrorista de semejante calibre pueda ingresar a uno de sus Estados miembro. No es menos indignante que el gobierno corrupto de Pedro Sánchez permita la presencia de ese villano en la Madre Patria. 

Surge una pregunta inevitable: ¿Interpol no hará nada para reducir a ese facineroso? Hoy, sobre ese cabecilla del crimen transnacional pesa una orden de captura internacional emanada de una corte de los Estados Unidos. Igualmente, el Departamento de Estado mantiene una recompensa de U$5 millones de dólares para quien facilite la captura de ese sujeto. 

Harta razón le asiste al presidente electo de Colombia Abelardo De La Espriella cuando cuestiona a la JEP y plantea desmantelar a ese bazar de corrupción y de complacencia con el terrorismo. 

Difícilmente puede determinarse quiénes son más bandidos: si los terroristas de las Farc, o los remedos de magistrados que operan en esa entidad espuria que se ha esforzado hasta la saciedad por maltratar y humillar a los militares colombianos, mientras trata con delicadeza y subordinación a los miembros de la narcoguerrilla terrorista. 

La afrenta más dolorosa recae sobre las víctimas. Mientras miles de colombianos continúan cargando los efectos del secuestro, el reclutamiento forzado, la violencia sexual y demás atrocidades cometidas por las Farc, Timochenko se pasea tranquilamente por la hermosa Madrid. 

Ver al victimario convertido en viajero distinguido, constituye una nueva ofensa para quienes todavía esperan verdad, justicia y reparación. 

El asunto trasciende las fronteras colombianas. El pueblo español tiene derecho a saber por qué su gobierno permite recibir y atender como huésped de honor al perpetrador de los peores crímenes. 

España, que ha sufrido en carne propia el terrorismo, no debería prestarse para blanquear a Timochenko.

Este episodio demuestra una vez más que la JEP no fue concebida para impartir justicia, sino para administrar impunidad, perseguir selectivamente a los militares de Colombia, y blindar de cualquier escrutinio a los cabecillas de las Farc. 

Es moralmente imposible que Colombia siga manteniendo abiertas las puertas de la JEP. Por el bien de la democracia de ese país, esa estructura debe ser clausurada y sus competencias deben ser trasladadas a la justicia ordinaria. 

@IrreverentesCol

Publicado: julio 10 de 2026

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