No es la primera vez que se conocen noticias de corrupción en el gobierno de Gustavo Petro. Ese proyecto nació corrompido. Cuando Petro aún no había ganado, su equipo ya estaba podrido hasta los tuétanos. Las recientes declaraciones de Angie Rodríguez —la «Delcy Rodríguez» colombiana—, además de cursis y de delatar una pésima factura moral tanto de la denunciante como de lo que denuncia, confirman lo evidente: el régimen colombiano es un pozo séptico, donde abunda la porquería y la podredumbre.
Al decir popular, ahí no hay justo, no hay petrista bueno, no hay funcionario bueno. Están, según Angie Rodríguez, arañando cualquier cosa. Van a llevarse hasta los tomacorrientes de los despachos. Que nadie se sorprenda si en las entidades públicas terminan desmontando los sanitarios antes de irse del poder el próximo 7 de agosto.
No estamos ante una estructura administrativa, sino ante una banda de saqueadores, de cuatreros, de rateros de la peor calaña. Las palabras de Rodríguez deben ser tenidas muy en cuenta, no como un gesto de transparencia, sino como un acto de delación. Ella misma forma parte del engranaje del que está hablando.
Rodríguez ha declarado que la razón por la que la sacaron del cargo que ocupaba en la Casa de Nariño se debe a que Petro estaba convencido de que ella era contrabandista, traficante de fentanilo y agente al servicio del paramiliatarismo. ¡Qué joyita! La pregunta es obvia: ¿Por qué Petro no la denunció ante la fiscalía y, en vez de ello, la nombró al frente de una entidad que administra billones de pesos?
Evidentemente, la Fiscalía —que funciona como un apéndice de la Casa de Nariño— no va a dar resultados en la investigación. No va a llevar ante los jueces a las personas denunciadas. Se va a encargar de engavetar, de dilatar, de dejar que el tiempo haga lo suyo hasta que todo quede en el más ignominioso de los olvidos. Las denuncias seguirán acumulando polvo en alguna bodega de la fiscalía. Petro apelará a cualquier maniobra para desviar la atención del escándalo. Sacará el comodín de los atentados y de los complots de la extrema derecha para evitar dar la cara frente a lo que está diciendo Angie Rodríguez. Y el heredero del régimen, el comunista Iván Cepeda, repetirá que no tiene por qué responder por lo que ocurre en el Ejecutivo. El cuadro es claro: la confirmación de un gobierno de hampones, una cuadrilla de delincuentes al mando, y la certeza de que no pasará nada.
Si la oposición llega al poder —ya sea en cabeza de Abelardo De La Espriella o de Paloma Valencia— la primera decisión tiene que ser contundente: crear un bloque de búsqueda contra la corrupción petrista. No una comisión más que tanto le agrada al establecimiento político, no otra oficina para simular resultados, sino una estructura operativa real, con dientes, con capacidad de investigación y con respaldo total del Estado. Colombia ya tuvo que acudir a una figura de ese calibre en los años noventa para enfrentar a los grandes capos del narcotráfico. Aquella fuerza élite funcionó porque tenía un objetivo claro y porque no fue creada para administrar el problema, sino para resolverlo. La dimensión del saqueo perpetrado por el petrismo exige una respuesta de ese nivel.
No se está hablando de unos cuantos casos aislados. Se trata de una red extendida, con presencia en distintos niveles del Estado, donde cientos o miles de funcionarios han convertido lo público en botín. Si se quiere enviar un mensaje serio, los discursos están de sobra. Lo que corresponde hacer es identificar, ubicar y capturar a cada responsable. Hay que judicializar sin contemplaciones y lograr condenas ejemplares.
Ese bloque de búsqueda debe estar integrado por miembros de la fuerza pública que no tengan compromisos con nadie, personas incorruptibles, con capacidad técnica y con la misión específica de seguir la ruta del dinero, reconstruir las redes y llevar a los responsables ante la justicia. Y junto a eso, una segunda línea igual de importante: recuperar cada peso robado. No se trata solo de cárcel. Se trata de quitarles todo. De dejarles claro a esos cafres que robarle al Estado tiene consecuencias.
Publicado: abril 23 de 2026
