La oleada criminal desatada por la banda terrorista ELN, organización con la que supuestamente Santos estaba negociando en medio de un cese bilateral de hostilidades, es la demostración del talante de esa estructura que lleva décadas utilizando el discurso de la paz para ganar tiempo y fortalecer sus estructuras ilegales.

Desde la supuesta desmovilización integral de las Farc, el Eln ha crecido exponencialmente haciendo evidente la operación de cambio de brazalete. Los antiguos guerrilleros de las Farc dejaron de delinquir en las filas de esa banda, para pasarse a las toldas de la organización comandada por alias Gabino.

No es fortuito que el Eln haya realizado más de 7 ataques terroristas en distintos puntos de la geografía nacional, a los que se suman atentados contra miembros de la Fuerza Pública, asesinando a un soldado en el departamento de Arauca.

Cuesta reconocerlo, pero desafortunadamente el Estado no cuenta con las herramientas suficientes para defender a la población del desafío terrorista de estructuras armadas ilegales como el Eln, las así llamadas “disidencias” de las Farc y las bandas criminales. En estos 7 años de gobierno de Santos, las Fuerzas Militares fueron desmanteladas, empezando por la moral de combate de los soldados. Los romanos repetían la máxima de Vegecio: quien quiere la paz, debe prepararse para la guerra. Santos, rompiendo cualquier esquema, buscó la paz y se preparó para la rendición, para la entrega.

Al frente de nuestras Fuerzas Militares se encuentra un general que dedica más tiempo a la adulación del presidente y de sus hijos que a la planificación de operaciones contra los terroristas. Además, la legitimidad del general Mejía se encuentra cuestionada por cuenta de los señalamientos de corrupción que pesan en su contra.

Santos, en vez de cumplir con su deber de defender la vida, honra y bienes de todos los colombianos, ordenando una ofensiva contra el Eln, se limitó cobardemente a ordenar el regreso a Bogotá de su negociador, el exvicepresidente Gustavo Bell. ¿Acaso aquello es suficiente para contener la arremetida violenta de esa despiadada guerrilla?

Mientras las cuadrillas del Eln hacen llover dinamita sobre Colombia, el presidente de la República hace anuncios ridículos respecto de los babosos e infructíferos diálogos que tienen lugar en la ciudad de Quito. La ecuación resulta altamente preocupante: el Eln ataca con bombas y fusiles y Santos responde con trinos y suspensiones de la mesa de conversaciones. La desproporción salta a la vista de cualquier persona.

Imágenes de los atentados terroristas cometidos por el Eln

 

Cuando un Estado resuelve rendirse y reconocer su incapacidad para ejercer un control efectivo sobre las amenazas criminales, como en efecto ha sucedido en Colombia, los resultados son previsibles. Santos enarbola orgullosamente una estadística que apunta a que el número de homicidios disminuyó en el año 2017, pero no revela la de los demás indicadores que son en extremo preocupantes, como la del crecimiento de los cultivos ilícitos, la extorsión, el microtráfico y demás fenómenos que amenazan contra la estabilidad social.

Santos incumple su deber de proteger a los colombianos y permite que los antisociales, como los miembros de la banda terrorista Eln hagan lo que les venga en gana con total impunidad.

@IrreverentesCol

Publicado: enero 12 de 2017