Yo, puedo ser cualquier persona, pero tengo mi dignidad, Cantinflas.
Como señalara Stiglitz en tono mordaz, todos somos Keynesianos, en alusión a las medidas que se tomaron para enfrentar la crisis económica surgida durante el septiembre negro en Estados Unidos que termina con la quiebra de uno de los bancos más prestigiosos como lo fue Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008 por la congelación del crédito bancario y el derrumbe de los mercados bursátiles a nivel mundial teniendo como origen el colapso del mercado hipotecario y el sistema de créditos de alto riesgo conocido como subprime.
Por cuenta de la crisis económica en el 2008 donde se calcula que se perdieron más de 8 millones de empleos y más de 4 millones de familias se quedaron sin vivienda; volvieron a revivir las teorías keynesianas con respecto a los principios fundamentales de la intervención del Estado en la dirección de las políticas económicas de un país.
El uso del Estado como herramienta de política económica se debió a la irrupción plena del keynesianismo después del crack de 1929. Según el profesor Pascual Amézquita en su ensayo Gasto público, déficit fiscal y desarrollo (2009): El Estado se convirtió en el “médico del capitalismo”, esperando asumir una responsabilidad cada vez mayor porque no pueden dejarse en manos de los particulares.
Dicha afirmación de Amézquita, a su vez, quedó consignada en el famoso ensayo de Keynes sobre Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (1936): “Si, el Estado es capaz de determinar el monto global de los recursos destinado a aumentar los medios de producción y la tasa básica de remuneración de quienes lo poseen, habrá realizado todo lo que le corresponde” (Keynes: 1936, 333). Según Amézquita, el llamado de Keynes fue el anuncio de la conformación de un sólido “capitalismo de Estado”.
Llegamos al 2026 donde el Estado colombiano tiene que presentar un presupuesto general de la nación, PGN, superior a los $635 billones, con b de burro, con la gran particularidad que el 65% se destinará para gastos de funcionamiento, cerca del 40% para pagos de servicio de deuda externa e interna y un porcentaje muy reducido para la inversión estatal, menos del 15%.
Surge, entonces, la pregunta obvia: ¿Ha sido exitosa la intervención del Estado? Para el caso colombiano está claro que no, porque resulta no más escandaloso que el presidente del congreso de la república senador Honorio Henríquez del Centro Demoniaco anuncie con cara de satisfacción que se tiene garantizado su gasto de funcionamiento para el 2027 por un valor superior a los $650.000 millones.
Resulta no más paradójico que el mismo Centro Demoniaco se rasgue las vestiduras en este momento crítico para la economía del país cuando fue ese mismo Centro Demoniaco quien aprobó al unísono la reforma progresista del entonces ex ministro Ocampo, con su sonrisa irónica, incluida la entonces senadora Paloma Valencia, cuando en esa reforma ya se incluía el IVA al 19% en los productos de canasta básica que no se encontraban gravados.
Sumado a lo anterior, el incremento del gasto central del desgobierno del Petro caos. Como para qué comentar sobre las O.P.S dejadas firmadas hasta diciembre de 2026.
Mientras tanto, la procuraduría del señor Eljach con un salario mensual cercano a los $60 millones nada que interviene a Censia, IDRD y Galán, el alcalde quienes siguen haciendo de las suyas con la gramilla del Nemesio Camacho el Campin.
¿Está siendo exitoso el médico del capitalismo?
Puntilla: Banco de la República nada que le pega al rango meta de inflación.
