Drones para fumigar la coca

Para erradicar trescientas mil hectáreas de coca que hay en el país la estrategia girara en torno a dos métodos con problemas: la fumigación con avionetas y la erradicación manual. Ambos son costosos, de alto riesgo e insuficientes frente a una economía ilícita que se adapta muy rápido. Hay una alternativa que merece análisis, el uso de drones de agricultura como los usados para control de plagas, para fumigar los cultivos ilícitos.

El punto de partida es reconocer que la erradicación manual llegó a su límite. En zonas como el Catatumbo, Bajo Cauca o Putumayo, los grupos armados han convertido la presencia de erradicadores en violencia que implica riesgo de emboscadas, minas antipersonales y confrontaciones directas. El rendimiento es bajo, erradicarlas tardaría décadas.

La fumigación aérea anterior es sostenible solo en algunos casos y, aunque permite cubrir grandes extensiones su precisión es limitada por el impacto ambiental y social que han generado controversias que no se han resuelto totalmente. La afectación a los cultivos lícitos vecinos, algunas veces sembrados por los mismos narcos para protestar por sus daños, y la dificultad para operar en zonas montañosas reducen su eficacia, en la práctica, la coca muchas veces se desplaza y el ciclo continúa.

Los drones agrícolas introducen una lógica distinta: precisión y menor riesgo. Equipos como los utilizados para aplicar plaguicidas en otros cultivos pueden cargar entre diez y cuarenta litros, operar a baja altura y ejecutar misiones programadas con exactitud milimétrica. Esto permite intervenir parcelas sin afectar áreas vecinas, incluso en terrenos irregulares donde las avionetas temen dificultades para maniobrar.

La tecnología no es una varita mágica, para erradicar trescientas mil hectáreas se requiere una flota masiva, logística robusta e inteligencia capaz de identificar cultivos con rapidez. La coca no es un cultivo estático, se mueve, se oculta bajo coberturas forestales y se replanta en semanas. La operación con drones exige mapas actualizados, estaciones de carga, operadores entrenados y protocolos de seguridad que eviten la captura o destrucción de los equipos por parte de los grupos armados.

La aspersión dirigida no elimina el problema estructural, mientras la economía ilegal sea más rentable que una alternativa lícita, la coca reaparecerá. Los drones aceleran la destrucción, pero no reemplazan la necesidad de vías, mercados y seguridad.

La pregunta no es si los drones pueden destruir cultivos de coca sino si se puede sostener una estrategia de alta tecnología en territorios lejanos y aislados que exigen una política integral que combine precisión con transformación económica. Sin eso, cualquier avance será temporal y, la coca, seguirá siendo una meta móvil.

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El Rincón de Dios

“El fruto de la justicia se siembra en paz para quienes trabajan por la paz” Santiago 3,18

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