Fieras heridas

Fieras heridas

Las fieras son más peligrosas cuando están heridas. Al decir popular, mueren matando. Y eso es lo que está sucediendo con Petro y Cepeda. Saben que están perdidos, que no podrán salirse con la suya y que inexorablemente tendrán que abandonar el poder el próximo 7 de agosto, salvo que cometan el error de consumar el golpe de Estado que pusieron en marcha el 31 de mayo cuando desconocieron el resultado de la primera vuelta. 

La candidatura de Abelardo De La Espriella representa mucho más que un relevo en el ejercicio de poder. El Tigre logró despertar la esperanza en millones de colombianos que anhelan un cambio profundo, una limpieza de la podredumbre causada por el régimen socialcomunista de Petro. Un anhelo de justicia frente a los abusos que se han cometido en este cuatrienio, una demanda masiva de que los patrocinadores políticos del terrorismo y el narcotráfico respondan en tribunales colombianos y/o extranjeros por el daño que han causado. 

Petro jamás imaginó que el abogado outsider pudiera aplastar a su maquinaria corrupta. Creyó que su régimen tendría el poder suficiente para entronizar al estalinista Cepeda sin mayores dificultades. Estaba convencido de que el discurso del odio surtiría un efecto positivo. El error estuvo en que la extrema izquierda no solo despreció a De La Espriella, sino que minusvaloró a millones de ciudadanos que vieron en él a la persona idónea para asumir el mando en estos momentos de gran dificultad. 

El régimen imaginó que, con el magnicidio de Miguel Uribe Turbay, la oposición se amedrantaría, que agacharía la cabeza, que se dejaría invadir por el miedo. Pero el crimen tuvo un efecto contrario. El dolor vino acompañado de una inmensa indignación. En pocas palabras, el pueblo se rebeló frente a los «rebeldes». Y, a estas alturas, no hay posibilidad de que Cepeda, el heredero, pueda contener esa suerte de tsunamipopular. 

Van a comprar votos, van a llevar electores a punta de fusil hasta las urnas, van a manipular a empleados y contratistas del Estado, van a escupir amenazas a diestra y siniestra, sin eficacia ninguna. 

Antes de la primera vuelta, algunos electores de la candidata fallida del expresidente Uribe afirmaban que difícilmente podrían votar por De La Espriella en caso de que él pasara al ballotage. Fueron simples «amenazas». Ningún defensor de las libertades inherentes a la democracia va a ponerse de perfil frente al riesgo de un régimen de corte estalinista en cabeza de Cepeda. Con gusto, disgusto o resignación, quien quiera preservar sus derechos fundamentales actuará en consecuencia.

En la semana post primera vuelta, el petrismo se ha notado desesperado. Desconoce el resultado de las elecciones ventilando un fraude improbado, luego anuncia el retiro de la constituyente, esa misma que juró sobre «piedra» nunca convocar. Acto seguido, Petro comparece en Montería como un energúmeno, lanzando amenazas a diestra y siniestra, deslizando la idea de que una derrota del socialcomunismo desembocará en violencia. Remataron la colección de bandazos con Cepeda aceptando tardíamente su derrota. Pero el daño es irreversible. El antecedente ya quedó y es imborrable: no van a deshacerse pacífica y civilizadamente del poder. 

Debe tomarse atenta nota de estos antecedentes, porque la vigilancia democrática no admite descansos. Aflojar antes de tiempo puede resultar más costoso que la propia batalla. No puede olvidarse que Cepeda no es un adversario político convencional, sino un comunista de manual que ve a las instituciones como obstáculos y no como límites. 

@IrreverentesCol

Publicado: junio 9 de 2026

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