La volatilidad en los mercados financieros ha sido tan alta y disímil que ha cambiado la forma como los administradores de portafolio arman las estrategias de inversión. Pasaron de tener una alocación por clase de activo a una por volatilidad, como un todo.
Las grandes familias de inversiones eran la renta fija y la renta variable. Dependiendo del riesgo que se le quería dar al portafolio, se invertía más en una que en otra, siendo la renta fija más conservadora por su cupón de rendimiento y menores movimientos.
Hoy eso no es tan cierto. Muchos de estos activos son tan o más volátiles que muchas acciones.
También existía una correlación inversa entre esa renta fija y la renta variable. Cuando las acciones subían de precio, la renta fija perdía valor, y viceversa. Hoy tampoco es tan claro ese concepto.
Muchas veces tienen el mismo comportamiento, van hacia el mismo lado.
Inclusive, la duración modificada del portafolio ha dejado de ser un ítem tan importante. Existen activos con bajas duraciones que tienen unos cambios en su precio muy bruscos y por encima de activos con duraciones mayores.
Todo lo anterior para entender que la volatilidad de un activo y de un portafolio es la que manda hoy la parada para definir si este es de bajo o de alto riesgo. O si es conservador o agresivo.
Este nuevo modelo se centra en factores de riesgo: en dinámica, en liquidez y metas generales, evitando la asignación estática tradicional.
Otro aspecto que difiere de la asignación por clase de activo es que se centra más en el análisis fundamental. Estudia las sensibilidades subyacentes como el crecimiento económico, las tasa de interés y el mercado de divisas.
Obviamente, se siguen manteniendo conceptos como la calificación de riesgo del activo y la liquidez de este para la toma de decisiones de inversión.
Otro de los temas que se ha vuelto demasiado relevante es la cantidad de activos que se tienen hoy para invertir. No son sólo acciones y bonos, existen índices, notas estructuradas y futuros En fin, miles de estructuras, el mercado de inversiones es casi infinito.
Todo lo anterior sin tener en cuenta como ha dejado de ser importante el asesor o el administrador del portafolio. La inteligencia artificial, unas más que otras, se ha vuelto muy eficiente en mostrar la información y en ayudar a los inversionistas en la composición de portafolios eficaces. Cada día se necesita menos del gurú o sabio que sabía dónde están las oportunidades.
Casos como el comportamiento del oro y otros metales -inclusive los bonos del tesoro americano- confirman esta teoría. Muchas veces estos activos considerados como refugios en momentos de nerviosismo del mercado, ya no lo son porque tienden a comportarse de la misma manera.
Todo lo anterior sin recordar que en renta variable pasaron a la historia muchos indicadores que eran muy relevantes para la toma de decisiones de inversión. Existen activos que se negocian a unos precios, que por múltiplos o por utilidades, sería una locura invertir. Pero, que por la perspectiva del negocio y su potencial, deben estar en un portafolio.
En fin, como en todo, la evolución de los mercados también llegó y lo hizo para quedarse. Existen tanta información y noticias al minuto que pueden variar el comportamiento futuro de un portafolio. que lo mejor es estar pegado al mercado.
Algunos han llamado a este nuevo modelo el TPA (Total Portfolio Approach), en español “Enfoque de Cartera Total”.
