Antes de las elecciones algunos cabecillas de la izquierda advirtieron, con una ligereza que hoy resulta cuando menos inquietante, que Colombia «se iba a incendiar» si Abelardo De La Espriella llegaba a la Presidencia. Muchos entendieron aquella expresión como el anuncio de una reedición del llamado estallido social con el que en 2021 las primeras líneas, los bloqueos y la violencia pusieron contra las cuerdas al pusilánime gobierno de Iván Duque. Afortunadamente aquello no ocurrió. Lo que sí ha ocurrido, y de manera cada vez más preocupante, es que distintas regiones del país literalmente han empezado a arder.
El Tolima ha soportado durante las últimas semanas una sucesión devastadora de incendios forestales que ha arrasado decenas de miles de hectáreas. Allí las autoridades departamentales denunciaron que algunas conflagraciones habían sido provocadas y la Fiscalía llevó ante los jueces a personas señaladas de iniciar deliberadamente uno de los incendios. En Cauca también se han presentado graves emergencias forestales y ahora las llamas llegaron hasta uno de los lugares más hermosos y entrañables de Colombia: Villa de Leyva.
Lo ocurrido allí debería encender todas las alarmas. El fuego avanzó sobre los cerros que rodean el municipio, destruyó centenares de hectáreas, obligó a evacuar hoteles como El Duruelo y llegó a amenazar zonas cercanas al casco urbano de una población que es una verdadera joya histórica, arquitectónica y cultural de Colombia.
Villa de Leyva es parte insustituible del patrimonio de la Nación, y contemplar sus montañas devoradas por las llamas produce una mezcla de tristeza, indignación y enorme preocupación.
¿Quién está incendiando a Colombia?
Esa pregunta exige una investigación criminal de verdad. No comunicados ampulosos, no consejos extraordinarios para anunciar que se abrirán investigaciones, no recompensas que después nadie recuerde. La Fiscalía, la Policía, los organismos de inteligencia y las autoridades ambientales tienen que establecer el origen de cada uno de estos grandes incendios, identificar patrones, determinar si existen personas organizadas detrás de ellos y determinar si hay grupos criminales o intereses políticos interesados en producir destrucción, miedo y caos.
Quienes anunciaron que Colombia «se incendiaría» después de una derrota electoral deberían ser los primeros interesados en que se esclarezca hasta la última de estas conflagraciones, precisamente para que no exista ninguna sombra alrededor de semejante frase. Pero el país no puede pasar de largo frente a aquellas amenazas cuando aparecen incendios deliberadamente provocados en distintos lugares de la geografía nacional.
Si detrás de alguno de estos incendios aparece una organización que los utiliza como instrumento de intimidación política, Colombia no estaría enfrentando simples pirómanos, sino una modalidad particularmente miserable de terrorismo.
Que se investigue todo, que se llegue hasta el último responsable y que nadie, absolutamente nadie, pueda utilizar el fuego para intentar someter a Colombia.
@IrreverentesCol
Publicado: septiembre 22 de 2026
