La política exterior define con quién sí y con quién no estamos.
El CD debe actuar con claridad, proactividad e iniciativa. Criticar con dureza lo que hizo mal Petro —que fue casi todo— y defender sin timideces lo que este gobierno está corrigiendo en política internacional y explicar que esa corrección es vital y coincide plenamente con la política que inauguró en 2002 el presidente Uribe.
Se está recuperando el sentido común: modernización y racionalización de embajadas y consulados, realineamiento con Estados Unidos e Israel, y fin de los gestos ideológicos que nos alejaban de nuestros socios históricos. Es lo que el Centro Democrático siempre ha defendido. Por eso debemos estar a la ofensiva, no a la defensiva.
La “progresía” occidental y latinoamericana no juzga todos los conflictos con la misma vara. Sus prioridades son selectivas y responden a un marco antiimperialista unipolar: el “imperialismo malo” es siempre lo occidental; todo lo demás se relativiza o se justifica.
Veamos los focos recurrentes y de mayor intensidad emocional en noticieros y redes:
Palestina e Israel son la causa central del neomarxismo, disfrazada de lucha anticolonial —“descolonización”, la llaman en la ONU—. Organizan protestas masivas y diarias. Nunca mencionan conflictos de mayor escala humanitaria como Sudán, Congo, uigures o Yemen. Esas matanzas no les importan.
La “República Saharaui” y el Frente Polisario son causa clásica de la izquierda radical europea y de sectores latinoamericanos. Se sostiene como “última colonia de África” y proyecta nostalgia tercermundista. Petro los trajo, les montó embajada y se puso a la cabeza de ese fraude internacional.
El neomarxismo es ambivalente frente a la invasión rusa de Ucrania: la condena formalmente porque le da vergüenza y no es rentable apoyar el crimen, pero acto seguido culpa a la OTAN y se opone a la ayuda militar.
Hace causa con los islamistas cuando se presentan como antioccidentales o antiisraelíes. Es indulgente con el terrorismo de Hamás, Hezbolá o el eje iraní y calla ante la opresión de mujeres y minorías en Irán o Afganistán.
Crearon el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla, arquitectura latinoamericana de la agenda neomarxista. El Foro, fundado en 1990 por Lula y Fidel Castro, articula partidos y movimientos de izquierda bajo el lema de la “lucha antiimperialista y popular” (Partido Comunista de Cuba, PSUV de Venezuela, FSLN de Nicaragua, MAS de Bolivia y los partidos colombianos que eligieron y gobernaron con Petro). Su lógica es de unidad de acción antioccidental. Igual puede decirse del Grupo de Puebla que reúne a expresidentes como Zapatero, Samper, Correa, López Obrador, Zelaya y Evo, dice defender un “modelo solidario” frente al neoliberalismo.
La línea de Petro y Cepeda
Petro —con el acompañamiento activo de Cepeda— alineó a Colombia con el bloque “antiimperialista”: reconocimiento de Palestina y de la “República Saharaui”, ruptura con Israel, profundización de vínculos con Irán, ataques a Estados Unidos y unidad con regímenes del Foro de São Paulo y del Grupo de Puebla. Colombia giró en esa órbita y se produjeros estragos en las relaciones estratégicas, en influencia y en presencia en los mercados. Como el canciller Bula corrige esa línea, la oposición petro-cepedista está ardida, desesperada, acusadora y con ganas de bloquearla. No es casualidad. Ellos defienden un proyecto ideológico que subordinaba los intereses de Colombia a una narrativa continental.
Qué debe hacer el Centro Democrático
El partido y su bancada no pueden limitarse a reaccionar. Deben tomar la iniciativa:
Defender la política exterior de este gobierno (restablecimiento de relaciones con Israel; cierre de embajadas, empezando por la saharaui, Palestina, Nicaragua, Cuba, etc.; realineamiento con Estados Unidos y modernización de la red diplomática).
Defender sin vacilaciones el Escudo de las Américas.
Reiniciar la colaboración estrecha en la lucha contra el narcotráfico, empezando por la fumigación de cultivos.
Contratar con urgencia manifiesta un sistema antidrones de un país democrático que garantice transferencia de tecnología.
Restablecer la colaboración de Israel con nuestro sistema de inteligencia.
Explicar la diferencia de fondo entre una política exterior realista y pro-occidental y la agenda del Foro de São Paulo y del Grupo de Puebla que aplicaba Petro.
Señalar, sin complejos, que la línea de Petro y Cepeda no era neutralidad ni “paz”, sino una opción ideológica “internacionalista”.
El Centro Democrático tiene la responsabilidad de liderar la defensa de una política que es la nuestra.
