País milagro, carta al presidente

Querido presidente, desde el primer día, hace más de ocho meses atrás le dije a su padre el Dr. De la Espriella Juris que usted iba a ser el presidente de los colombianos. Yo en mi condición de poeta se leer el futuro.

Me gustaba mucho su discurso cuando desde 2016 se oponía con toda razón y con mucha visión y vehemencia sobre la gobernanza del Juan Manuel “el Tartufo” Santos Calderón, ya desde ese momento con claridad meridiana usted como yo veíamos el desastre en que se sumía la nación, como en efecto es, y que usted siendo presidente electo con mucha valentía asume, heredando hoy el nefasto y terrible gobierno de Gustavo “Aureliano” Petro Urrego, tal vez el peor de nuestra vida republicana.

Presidente, le confieso que me he equivocado al irme por el camino de la ciencia y no del arte como ha debido ser y de lo cual hoy me arrepiento, no tuve el valor de serlo. Pero me arrepiento porque hacer empresa como hice y lo sigo intentando en nuestro país es de las cosas más terribles y angustiosas que alguien puede acometer.

La tramitología para todo, absolutamente todo, está diseñada para obstruir más que para colaborar, tal vez una herencia del Santanderismo. Y es por eso que las gentes prefieren el camino de la informalidad, el lado torcido porque es más “fácil” y expedito. Y más, si ser informal en un país como el nuestro tenga en sus alternativas el narcotráfico, o la minería ilegal que producen abundantes y descomunales réditos. Y mucho más en un país donde el crimen no se castiga, sino que se protege.

Porque ser legal y formal es una odisea asfixiante., tanto que las personas prefieren desistir, coger otro atajo. De allí también que el sentido empresarial tan necesario se dirima por tantos impedimentos burocráticos. Por eso es mejor y más fácil tratar de emplearse con el Estado (de allí que sea el máximo empleador) porque el presupuesto es billonario y en un santiamén, de la noche a la mañana cualquier contratista se convierte en millonario. Me refiero a que la tramitología para brincarla por lo engorroso que es, sea mejor y más provechoso y “eficiente” irse por debajo de la mesa, porque los funcionarios “ empoderados “dada la complicación del trámite lo facilitan solo si hay dadivas, y quien no de dadivas no entra, no llega, no pasa.

Así de perverso es el sistema Y si queremos una patria milagro como la que ha bien usted propone hay que facilitar el proceso creativo empresarial, que sea más fácil hacer los emprendimientos, empezando por la disminución de los espinosos tramites donde finalmente la gente “tira la toalla”.

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