La mezquindad del Centro Democrático

La evidente «declaración de guerra» del polémico senador del CD Rafael Nieto Loaiza contra el presidente Abelardo De La Espriella resulta absolutamente desconcertante. Lo es porque revela la pequeñez intelectual y política no solo de Nieto –quien difícilmente puede suponerse que actúa motu proprio–, sino también de un sector del Centro Democrático frente a los enormes desafíos que deberá afrontar el nuevo Gobierno. 

Cuesta entender que un partido que acaba de declararse integrante de la coalición de gobierno adopte, antes de la posesión presidencial, una actitud tan desobligante y hostil. 

Colombia no está para esas miserias. Los problemas del país no son menores ni admiten cálculos mezquinos. Lo que comenzará el próximo 7 de agosto no será un simple relevo administrativo, sino un cambio absoluto de régimen.

El nuevo Gobierno recibirá un país con más 300 mil hectáreas de coca; extensas regiones sometidas por grupos criminales; una economía debilitada; la corrupción brotando por todos los poros del Estado; una Fuerza Pública diezmada en su capacidad operativa, y una política social hiperideologizada, convertida en instrumento de adoctrinamiento en lugar de cumplir su verdadera finalidad que consiste en proteger a quienes realmente lo necesitan. 

Ante semejante panorama, las declaraciones de Nieto Loaiza y de otros congresistas del Centro Democrático demuestran que no han comprendido la magnitud de la tragedia nacional. Parecen más interesados en dar disputas inanes con el nuevo Presidente que en sumar esfuerzos para la reconstrucción nacional. 

La contradicción es evidente. El expresidente Uribe repite permanentemente que su mayor preocupación son los intereses superiores de la Patria. Pero, si así fuera, ¿cómo se explica la mezquindad de algunos congresistas que él mismo escogió para integrar las listas de su partido? ¿Por qué, ante la desafortunadísima declaración de Nieto de que el uribismo «le ganará la guerra» a Abelardo De La Espriella no se produjo una rectificación tajante e inmediata?

Más grave todavía es la respuesta de quien ejerce la dirección del Centro Democrático. En lugar de corregir el despropósito de Nieto, anunció que la colectividad será «por ahora» partido de gobierno. La expresión encierra una advertencia, casi una amenaza, y obliga a formular algunas preguntas: ¿buscan fracturar al Gobierno antes de que comience? ¿Pretenden someter al Presidente electo a una presión indebida para obtener espacios burocra2ticos? ¿O simplemente no han asimilado el resultado de las urnas? 

No existe una explicación razonable para semejante comportamiento. Mientras el país exige unidad, firmeza y grandeza, algunos dirigentes parecen entregados a una disputa menor, personalista y prematura. Y en esa maniobra pueden llevarse por delante a la misma Colombia que dicen querer, venerar y reconstruir. 

El Centro Democrático está en mora de entender la nueva realidad política. Su desempeño en la elección presidencial fue el más pobre de la historia del uribismo. Paloma Valencia obtuvo 1.6 millones de votos, una cifra muy inferior a la alcanzada por su partido en anteriores contiendas. 

La explicación de ese resultado es sencilla: apareció un candidato que representó con mayor claridad, fuerza y autenticidad muchas de las ideas que durante años enarboló el CD. Así funciona la democracia. Los liderazgos no se heredan, no se decretan ni se conservan mediante la aplicación de la disciplina para perros. Se ganan en las urnas. 

El Centro Democrático puede contribuir a salvar a Colombia o puede consumirse en la defensa de sus pequeñas parcelas de poder. Lo que no puede hacer es declararse partido de gobierno mientras algunos de sus voceros le declaran la guerra al presidente con el que tienen más coincidencias que divergencias. 

@IrreverentesCol

Publicado: julio 28 de 2026

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