En un video viral, el candidato presidencial Iván Cepeda aparece riendo a
carcajadas mientras se refiere al proceso judicial contra Álvaro Uribe. Haciendo
gestos de complicidad con sus interlocutores, lanza una frase reveladora: “Ahora
vamos es a tomarla con De La Espriella”.
El tono es festivo, de celebración. No hay solemnidad ni sentido de
responsabilidad institucional. Hay burla explícita, hay seguridad, hay la convicción
de quien considera que la justicia es su herramienta personal para eliminar
adversarios políticos.
La foto que no se borra
Esa misma persona que celebra el uso político de la justicia aparece en fotografías
abrazando a Iván Márquez, comandante de la Segunda Marquetalia, y a Jesús
Santrich.
La justicia colombiana y organismos estadounidenses han señalado a Iván
Márquez como responsable intelectual del asesinato de Miguel Uribe Turbay,
quien el día del atentado que le cobró la vida era el candidato más fuerte para
ganar la presidencia de Colombia. Ese abrazo con Iván Márquez no es un simple
gesto político. Es una imagen que habla por sí sola de afinidades profundas, de
una continuidad ideológica y política evidente y terrorífica.
La carta del exiliado comunista
A estas evidencias se suma la carta abierta del escritor y filósofo Camilo García
Giraldo, exiliado en Suecia y militante comunista que se declara seguidor de Petro
y militante del Pacto Histórico. García Giraldo afirma que conoció a Iván Cepeda a
finales de los años ochenta en el entorno del Partido Comunista y que este
formaba parte de un comité semiclandestino dirigido inicialmente por su padre,
Manuel Cepeda, cuya función era identificar disidentes y críticos de las FARC para
informar al secretariado de la guerrilla y ordenar su eliminación o expulsión.
García Giraldo menciona específicamente el caso de Danely Salas, esposa del
periodista Jorge Enrique Botero, quien habría sido asesinada por decisión de este
comité con el conocimiento de su propio esposo. Ese crimen de la farc política,
como los demás que denuncia la carta del profesor comunista, deberpá ser
investigado por la Corte Suprema si Cepeda acepta su curul en el senado como
candidato derrotado o por la justicia ordinaria si rechaza la credencial. Según
García, los Cepeda, Manuel e Iván, eran operadores de la farc política y viajaban
periódicamene a Casa Verde, sitio de reuniones del Secretariado de las FARC con
sus camaradas del Partido Comunista.
La sincronización judicial
Pocos días después de que Cepeda apareciera riéndose mientras anunciaba que
“ahora vamos es a tomarla con De La Espriella”, se activó con toda su fuerza el
arsenal de misiles judiciales que el candidato había preparado para la recta final
de la campaña.
En la última semana antes de la segunda vuelta, Cepeda y su entorno pusieron en
marcha:
• Denuncia penal contra De La Espriella por supuestos vínculos con
paramilitarismo.
• Denuncia penal por corrupción, en la que se inventó la cifra de 18 mil millones
de pesos como honorarios supuestamente pagados por una EPS hoy
controlada por el activista del Pacto Histórico Daniel Quintero.
• Carta pública de un grupo de “juristas” pidiendo la inhabilidad del candidato De
La Espriella por su doble nacionalidad.
• Tutela presentada por Eduardo Montealegre (socio habitual de Cepeda en
trapisondas judiciales) exigiendo llamar a indagatoria a Álvaro Uribe.
• El resultado: tres días antes de la segunda vuelta presidencial, el
expresidente Uribe fue citado a indagatoria.
El timing no parece casual. En pleno debate nacional sobre la idoneidad de
Cepeda como candidato, se activó un mecanismo judicial coordinado que buscaba
silenciar o debilitar al principal líder de la oposición y al candidato que lo derrrotó
en la primera vuelta.
Votar por Cepeda es votar por…
La suma de estos elementos —la burla festiva a la justicia, el abrazo con un
comandante autor del magnicidio del candidato presidencial más fuerte del
momento, las denuncias de purgas internas en el Partido Comunista y el
despliegue masivo de acciones judiciales en la última semana de campaña—
dibuja un perfil preocupante.
El lema histórico de las FARC, “¡Vencerás Marquetalia!”, no fue solo un grito de
guerra. Representó una lógica según la cual cualquier herramienta —armada,
política o judicial— es válida para destruir al adversario y alcanzar el poder.
Votar por Iván Cepeda en segunda vuelta no es votar por un simple candidato de
izquierda. Es votar por quien, como sus inspiradores, Lenin y Stalin, ha convertido
la persecución judicial en método político, quien mantiene abrazos públicos con
cabecillas de la guerrilla responsables de crímenes de lesa humanidad, señalado
incluso por antiguos militantes comunistas como parte de mecanismos de control y
eliminación de disidentes.
Colombia ya pagó un precio demasiado alto por experimentos de este tipo. No
necesita repetir la historia.
