Más vale permanecer callado a que sospechen tu necedad, A. Lincoln.
En un escueto comunicado el presidente de Caracol televisión Dr. Gonzalo Córdoba Mallarino comentó que: “El poder cuando no se examina así mismo, corre siempre el riesgo de convertirse en permiso o permisividad y el silencio cuando se vuelve costumbre termina erosionando aquello que pretende proteger. Por eso, hay momentos en los que hablar no es un gesto de comunicación sino un deber y una responsabilidad”.
Hasta ahí todo bien, todo bien, como decía el Pibe.
Lo anterior, con motivo del escándalo de acoso denunciado por una presentadora y secundado con una gran variedad de testimonios que hicieron inflar dicha acusación de una manera inusitada por cuenta de la velocidad de las redes sociales que hoy no perdonan a nadie, ni siquiera la intimidad personal, ni siquiera a las familias como dijo Hernández Bonet.
Cuando escuchaba al Dr. Gonzalo pronunciar la palabra silencio, me acordé del general Ramírez quien sostenía que en el ejército a usted lo pueden sancionar y condenar por dos motivos: por acción y por omisión: “y, en ocasiones, Rafael, es más grave la omisión que la acción”.
La acción, jurídicamente hablando, corresponde a un acto premeditado y deliberado de un hecho punible en cualquiera de sus modalidades o dolo. La omisión, por el contrario, es el acto de no ejercer ninguna acción frente a ese dolo o, simplemente, guardar silencio frente al hecho correspondiente.
Al oír al Dr. Gonzalo, no sé por qué me acordé de la familia del Dr. Álvaro Gómez Hurtado – AGH – víctima de acoso judicial durante 30 años por solicitar justicia frente a su magnicidio en la Universidad Sergio Arboleda, el 2 de noviembre de 1995; ante el silencio y omisión cómplice por parte de los entes de justicia quienes en reiteradas ocasiones lo único que han producido ha sido más dolor y revictimización a la familia.
Como referencia, el caso de la JEP admitiendo con veracidad el testimonio de Piedad Córdoba y Carlos Antonio Lozada.
¿Qué produce más dolor?
El acto de su vil asesinato o el silencio cómplice de la justicia colombiana durante más de 30 años de duelo; los dos, o el acoso judicial al que ha sido sometida la familia de AGH durante todos estos años.
Otro caso relevante corresponde al reclutamiento y violaciones de mujeres y niños por las Farc. ¿Qué es más doloroso para las víctimas? ¿Su victimización, su revictimización, o el nombramiento de la senadora Ramírez de las Farc como presidente de la comisión de derechos humanos del Senado de la República?
Con el paso del tiempo, no propiamente de los Santos, he madurado en mi sentir y duelo personal con respecto al vil asesinato de AGH y le puedo expresar, Dr. Gonzalo, y usted me referencia de cuitas como dicen en Boyacá sumercé, más no de autos, que es más doloroso para las víctimas el silencio cómplice y acoso judicial de la justicia colombiana frente al caso de AGH, así como el silencio cómplice frente a las víctimas de las Farc.
O, ¿el silencio frente al abuso denunciado?
Para una mayor comprensión del marco conceptual de la presente columna de opinión se recomienda ver la película: After de Hunt (2025) con Julia Roberts donde una profesora universitaria enfrenta una crisis personal y profesional en la que una estudiante acusa a un profesor de agresión sexual, confrontándola con secretos de su propio pasado.
Puntilla: ¿Cuáles deberían ser nuestros principios y valores frente a los silencios y omisiones, frente a las víctimas, victimarios?
