El cinismo de un hampón

El cinismo de un hampón

En múltiples oportunidades, el narcocanciller colombiano Álvaro Leyva le sacó el cuerpo a las citaciones de control político que le ha hecho la comisión segunda del senado de la República. 

En medio de los fuertes cuestionamientos por el negociado de los pasaportes, Leyva se dignó a atender el llamado del congreso. 

La sesión fue accidentada. Leyva compareció en tono altivo, alevoso, displicente. Empezó ordenándoles a los senadores que leyeran antes de los debates. La respuesta de los parlamentarios -oficialistas y opositores- fue implacable. Al culminar la sesión de tres horas, la mayoría de los legisladores presentes votaron una proposición en la que se declaró la no satisfacción por las respuestas entregadas por el jefe de la diplomacia criolla.  

El asunto es estructural: Álvaro Leyva Durán lleva más de cuarenta años violando las leyes sin que la justicia le imponga las sanciones correspondientes. 

Es prudente recordar que, a comienzos de siglo, cuando las Farc intentaban poner en jaque a Colombia,  manteniendo a cientos de secuestrados confinados en campos de concentración en medio de la jungla, algunas embajadas recibieron un informe de inteligencia que aseguraba que Álvaro Leyva hacía parte de la denominada Comintern -comisión internacional de las Farc-. 

La fiscalía colombiana de entonces no hizo la correspondiente investigación e imputación. 

Dicho informe surgió luego de que Leyva huyera de la justicia colombiana cuando ésta lo requirió para que respondiera por sus vínculos con el narcotráfico. 

Leyva Durán es un cínico, es un altanero que se limpia las suelas de sus zapatos con la justicia. Se burla de la ley, se ríe en la cara de la sociedad y escupe a los congresistas que lo convocan en el marco del ejercicio de control político. 

Países como los Estados Unidos conocen perfectamente la sucia calaña de quien lidera las relaciones exteriores de Colombia. Desde hace más de 25 años, el Departamento de Estado incluyó a Leyva en la lista de políticos colombianos peligrosos, razón por la que le fue cancelada su visa, documento que le fue temporalmente otorgado en virtud de su condición de canciller petrista. 

Se ha establecido que una vez sea retirado del cargo, la prohibición de ingreso será reactivada. 

La comisión del senado citó a Leyva para que aclarara los pormenores del oscuro negocio de los pasaportes, proceso que ha desatado un contencioso entre trúhanes. En un lado se encuentra el polémico clan Bautista, respaldado por periodistas/negociantes y por la oscura Martha Lucia Zamora -saliente directora de la agencia de defensa jurídica del país-, y en el otro están el hijo de Leyva Durán, el corrupto condenado Alex Vernot y el temible abogado Juan Carlos Losada Perdomo. Leyva se escabulló como un roedor sin contestar los legítimos interrogantes de los senadores.

Es evidente el interés del canciller por meter la mano en ese negocio que asciende a cerca de un billón de pesos. Es un contrato jugoso en el que las comisiones harán que más de uno resuelva su futuro. 

Si el congreso tiene un mínimo de valentía y de compromiso con Colombia, debe adelantar un debate de moción de censura en contra de Leyva Durán. Ese funcionario divide su agenda en dos capítulos: el de los negocios y el de los montajes judiciales. 

Se vale de su investidura para direccionar contratos, y para falsificar procesos contra los opositores al régimen. Un hampón en todo el sentido de la palabra. 

@IrreverentesCol

Publicado: diciembre 14 de 2023