Ángeles somos, del cielo venimos

Ángeles somos, del cielo venimos

De niño celebrábamos con mi socio en esas lides, Rey Foschini, la divertida fiesta de Ángeles Somos(AS).

Recorríamos las calles del barrio Manga, recolectando alimentos, como es la costumbre, para hacer un sancocho en esa fecha memorable que es el 1 de noviembre, día de todos los Santos.

Fiesta que  increíblemente se celebra en muchas partes del mundo, incluso en Holanda.  Los cartageneros en nuestras arraigadas tradiciones religiosas también lo hacemos, aunque el ímpetu de Halloween ha podido sin pretenderlo, opacar.

Pero la memoria colectiva esta viva y más aun con la lucha que ha dado Rosita Díaz de Paniagua y Raúl Paniagua, para que la tradición no desaparezca, logrando que el Concejo Distrital lo reconociera con “fuerza de ley”. Logro del que además se desprendió el Observatorio de Infancia y Adolescencia, junta de la que a mucho honor soy miembro.

AS, es una celebración fundamentalmente religiosa, que requiere de mucha solidaridad y compañerismo, y que las costumbres convirtieron no solo en gastronómica, sino que se envuelve en la picaresca y el espíritu burlesco nuestro.

El que de acuerdo a la donación, los “angelitos pedigüeños” entonan cantos y estribillos de satisfacción o negación, según la benevolencia del donante (esta casa es de arroz donde vive el niño Dios, esta casa es de ají donde viven las Cují, esta casa es de rosas donde viven las hermosas, esta casa es de aguja donde viven todas las brujas).

Es una festividad tan antigua como el mundo católico. Ya se celebraba en Siria en el siglo IV, y que por un tiempo entro en recesión, y el papa Gregorio IV lo revivió en el siglo IX, para contrarrestar la  fiesta pagana de las culturas celtas.

Las que celebran con algo de miedo el 31 de octubre, el día más oscuro de la existencia, el que más tarde se llamó Halloween. Y que al pasar al 1 de noviembre se le da inicio al mes dedicado a las almas, quitándole fuerza al paganismo céltico.

Y de un día para otro se pasa de la oscuridad a la claridad, del inframundo a la luz nívea del cielo católico.

Su diferencia  con Halloween es que el 31 de octubre los niños, ya entrada la tarde, piden dulces, y el 1 de noviembre desde que sale la luz del sol, los niños piden alimentos crudos y sanos, para hacer posteriormente un suculento sancocho.

En mi tiempo de infancia se celebraban en todo el territorio urbano y rural de la ciudad,  incluso con mucha fuerza en los estratos altos, quienes lo han reemplazado por la fiesta de Halloween, que también es muy bonita y los niños se disfrazan, muchos con disfraces terroríficos, y que la iglesia cristiana considera como un festejo pagano.

Celebración esta de la que no se tiene certeza de cómo llegó. Parece que fue mucho antes de la llegada del colegio Jorge Washington, traída por don Enrique Grau Vélez a quien le gustaban las fiestas de disfraces.

@GabrielTorices

Publicado: febrero 3 de 2023