Yo le creo al Ejército. Lejos de caer en la estrategia de desinformación planteada por los grupos armados, es hora de respaldar a la institucionalidad. El Gobierno no puede cesar su ofensiva por unas denuncias sin sustento y debe afrontar con determinación los ataques políticos y mediáticos que buscan sabotear la lucha contra la delincuencia.

Como tal, en Colombia se volvió normal que con posterioridad a las operaciones de la Fuerza Pública contra los grupos armados organizados se publiquen denuncias sobre supuestas irregularidades en estas actuaciones, dando a entender que el Ejército y las demás instituciones castrenses no combaten bandidos, sino que asesinan personas desprevenidas que no tienen vínculo alguno con actividades ilícitas.

Una estrategia mediática que pretende desprestigiar al sector defensa y deslegitimar la ofensiva militar que tanto se necesita para combatir el narcotráfico y garantizar la seguridad en las zonas más afectadas por la violencia.

De hecho, no es la primera vez que esto sucede y seguramente no será la última. La criminalidad entendió la importancia de persuadir a la opinión pública e intentar detener el accionar del Gobierno a través de la presión de los medios y las amenazas de las mociones de censura en el Congreso. 

Y claramente tienen muchos puntos a favor. Hoy en día es imposible pretender que los miembros y auxiliadores de los grupos armados porten un camuflado todo el tiempo como si estuviéramos en la segunda guerra mundial. Con una vestimenta casual, campesina, les basta y les sobra para adelantar su actividad criminal y, en caso de ser abatidos, las organizaciones tienen el material para publicar fotos haciendo pasar a sus integrantes como inocentes parroquianos.

Por eso, la labor de inteligencia del Estado es vital. Esta es la herramienta más determinante para prevenir atentados y desarticular de manera efectiva la delincuencia. Puede haber equipos, armamento y pie de fuerza, pero sin el manejo de la información todo eso es inútil. No en vano durante el proceso de La Habana se hizo todo lo posible para acabarla. 

Y sinceramente frente al operativo adelantado en Putumayo no hay mucho más que decir. El Ejército recopiló durante meses los datos necesarios para identificar los miembros de la estructura criminal que opera en la zona y llevó a cabo una operación con plena observancia de las disposiciones del derecho internacional humanitario.

Seguramente el Ministro deberá afrontar un nuevo round en el Congreso y la oposición intentará atacar de nuevo a nuestra Fuerza Pública, pero se quedarán viendo un chispero. La institucionalidad actuó conforme al ordenamiento legal y una vez más quedará en evidencia quienes respaldan sinceramente a los uniformados y quienes buscan su desprestigio por mezquinos cálculos políticos. 

@tatacabello

Publicado: abril 16 de 2022