Elegir el presidente de un país no es un juego, mucho menos si hay dudas de que esté en riesgo la garantía de que al final de su periodo se podrá elegir a otro; el derecho a elegir y ser elegido. Así, si el pueblo se equivoca, por lo menos hay cierta tranquilidad de que se trata de algo temporal que se podrá corregir.

No obstante, la ola neocomunista que viene azotando a la región se caracteriza por el afán de eternizarse en el poder para llevar a cabo las profundas transformaciones que pretenden implementar. Aunque la verdad es que desde el día uno se toman decisiones de gran calado que pueden afectar las vidas de muchas personas. 

Por eso, en Perú han tenido tiempo más que suficiente para arrepentirse del nombramiento de Pedro Castillo, un hombre ignorante que en los ocho meses que lleva en el poder ha demostrado su absoluta incapacidad para desempeñar el cargo. El 63% de los peruanos piden su renuncia.

De igual manera, y aunque solo lleva un mes en el cargo, los chilenos tampoco están muy conformes con el desempeño de Gabriel Boric, un revoltoso líder estudiantil que ni siquiera se graduó. Es triste ver en las redes una gran cantidad de gente dándose golpes de pecho por no haber votado por otra opción; la abstención en esas elecciones fue alta.

Apelando a la memoria reciente, sabemos que el arrepentimiento que vendría por la elección de Gustavo Petro no tardaría mucho en llegar. Su accidentado paso por la alcaldía de Bogotá fue un verdadero desastre caracterizado por una gran corrupción, promesas incumplidas, planes alocados con trasfondo ideológico y movilización social desde el balcón de la Alcaldía cada que un ente de control ponía en la mira su gestión.

En efecto, en esa administración primaban los contratos a dedo y sin objeto claro en beneficio de los amigos del pequeño régimen. Abundaron los escándalos: que las motos eléctricas, que la máquina tapahuecos, que los programas de mantenimiento vial que movieron mucha plata y poco asfalto. No hizo ninguno de los mil jardines infantiles que prometió y apenas unos pocos colegios, y cerró decenas de comedores comunitarios en los barrios más pobres. Inundó la capital de basuras solo por quitarles el contrato a los privados, y compró un centenar de recolectores de basura viejos que estaban para la venta como chatarra putrefacta en Nueva York. No sirvieron. 

Lo que sí sirvió fue su capacidad para convocar a sus huestes a protestar a su favor, obviamente con dineros públicos, lo que puso en la palestra su estilo de gobierno. La suya sería una presidencia tumultuaria con colectivos al estilo chavista para amedrentar a la oposición. La Primera Línea.

Y si tanto arrepentimiento nos condujera a una renuncia, el remedio sería peor que la enfermedad. En 2017, Francia Márquez presentó la prueba de Estado Saber Pro para la carrera de Derecho. Apenas sacó 125 puntos sobre 300, lo que demuestra que a duras penas está en capacidad de ser alcaldesa de su pueblo: Suárez, Cauca. Nuestro país se merece de vicepresidente a alguien bien estructurado, algo así como un cirujano de tórax. Uno no se deja operar de cualquiera… ¿o sí?

Petro ha propuesto tantas barbaridades que desde el primer día lo podríamos lamentar. No juguemos al arrepentimiento tardío, cuando ya no hay nada qué hacer. Tampoco juguemos al abstencionismo. Hay que derrotar toda iniciativa demagógica, totalitaria y liberticida. No esperemos a tener que ganarnos la vida en un semáforo de otro país.

@SaulHernandezB

Publicado: abril 13 de 2022