Lo que está sucediendo en el País es realmente preocupante. Los ataques sistemáticos en contra de la Fuerza Pública no son coyunturales y evidencian una estrategia organizada por parte del ELN. ¿Acaso volvió el plan pistola?

Para la criminalidad el asesinato de los soldados y policías no es un simple aspecto operacional. Es una muestra simbólica de poder en contra del Estado que los combate a través de los efectivos de las instituciones castrenses.

Por eso, desde la época de Pablo Escobar hasta la actualidad siempre se ha hecho un especial énfasis en ello. El terrorismo ni siquiera se preocupa en gran medida por afectar la infraestructura militar del Gobierno, sino que saca pecho cada vez que mata cobardemente a los uniformados con bombas y emboscadas.

Ahora bien, es claro que detrás de esto hay un tema mucho más organizado de lo que podría pensarse a primera vista. No hay que ser genio para darse cuenta que las disputas territoriales que se están dando en Arauca y varios departamentos del País están directamente ligadas con el control del narcotráfico.

La expansión desbordada de los cultivos ilícitos y los impedimentos legales que han existido para retomar la fumigación han permitido que la capacidad operativa de los grupos ilegales se expanda y que la disputa por el dominio de las exportaciones ilegales sea a muerte.

De hecho, hoy el País afronta las consecuencias de haber debilitado la lucha contra el narcoterrorismo durante varios años y, lo más grave de todo, es que la población civil queda en la mitad del fuego cruzado entre grupos ilegales que encuentran en Venezuela el refugio perfecto para evadir la acción de las Fuerzas Militares.

Aunque esta dinámica no es nueva, sí preocupa el escalamiento de las acciones violentas que se ha registrado los últimos meses. La frontera se convirtió prácticamente en un territorio vetado y garantizar su control debe ser hoy por hoy una de las principales prioridades del Gobierno.

En especial, porque hasta que no se desarticulen las fuentes de financiación de estos grupos armados la violencia no va a parar. Más que disparar por disparar, se requiere de una estrategia audaz, estructurada y letal que permita combatir todos los frentes de estas bandas de la manera más contundente posible.

Mientras tanto, el respaldo del pueblo colombiano a la Fuerza Pública ha de ser unánime. Ahora más que nunca la institucionalidad requiere del genuino afecto de la gente que no quiere ser presa de la violencia y que no va a permitir que se afecten más soldados y policías de la Patria.

 Es un HONOR ser Policía.

@Tatacabello

Publicado: febrero 4 de 2022