Es una vergüenza que el Partido Conservador anuncie su respaldo a la agenda legislativa de Petro. Una decisión motivada exclusivamente por el apetito burocrático. Los principios, las ideas y la defensa de una visión de País quedó a un lado con tal de acceder, al costo que sea, a las mieles de Palacio. Un error que han repetido a lo largo de las últimas décadas y que cercenó por completo la vocación de poder de esa colectividad.

De hecho, en los últimos 40 años el conservatismo solo ha puesto a dos Presidentes y prácticamente desde Álvaro Gómez no hay un líder con potencial de caudillo. El Partido que alguna vez dominó la política nacional quedó reducido a un mercader de votos que se acomoda al Gobierno de turno con tal de tener su tajada en el gabinete.

Y cabe aclarar que con esto no estoy diciendo que la representación política de las bancadas en el ejecutivo sea mala per sé. Esa es una dinámica natural que le permite al Presidente tener gobernabilidad en el Parlamento y a las colectividades implementar sus propuestas desde los Ministerios y las entidades.

El reproche recae cuando para acceder a esa participación se renuncia por completo a las ideologías y se traiciona al electorado que se dice representar. Por eso la política en Colombia está tan desacreditada. No solamente por los escándalos de corrupción, sino por la incoherencia perpetua del grueso de los políticos, a quienes solamente les interesa utilizar su posición para su beneficio personal.

Y eso es lo que ha hecho el Partido Conservador. Sin importar si ganan o pierden las elecciones, siempre terminan trabajando de la mano del Gobierno, cualquiera que este sea. Oposición es una palabra que no conocen y que no les interesa conocer. Le tienen pavor a enfrentarse con el Palacio de Nariño y desde una posición muy facilista, donde no se desgastan y se mueven al vaivén de las encuestas, son el comodín de todas las administraciones en el Congreso.

Gracias a esto han logrado construir una estructura regional que les permite mantener sus curules en el Parlamento todas las elecciones, pero también, consecuencia de ello, es que no han vuelto a liderar la política nacional. Pasaron de ser la cabeza de la batalla a unos segundones que pocos toman en serio. Para ganar hay que saber perder y para llegar al poder hay que saber ser oposición. 

Ahora, la incoherencia será mayor. A cambio de un par de puestos y contratos, Petro les exigirá aprobar sus reformas. ¿Acolitará el conservatismo la nacionalización del ahorro pensional para financiar gasto público ordinario, revivir la ineficacia administrativa del seguro social a nivel territorial o hacer realidad una asfixia tributaria que ahuyente la inversión y promueva una fuga de capitales?

Ojalá que algún día pueda renacer el verdadero Partido Conservador. Una colectividad de derecha que sea coherente con sus convicciones y que no se arrodille ante la coyuntura. Por lo pronto, la única esperanza de contrapeso a Petro recae en el Centro Democrático. 

@LuisFerCruz12

Publicado: junio 29 de 2022