Ha insinuado el presidente Petro que hubo irregularidades y sobrecostos en la reconstrucción de Providencia, isla arrasada por el huracán Iota en noviembre de 2020.  

La mayoría de casas quedaron destrozadas y hubo necesidad, en plena pandemia, de poner en marcha un plan de urgencia para construir más de 1800 viviendas. 

El proyecto era inmenso. En Providencia no había, como es natural, materiales y la poca mano de obra que se conseguía en la isla era insuficiente.

Hubo que llevarlo todo desde el continente, lo que evidentemente aumentó los costos de la construcción. 

En las obras se invirtieron alrededor de $600 mil millones de pesos y el presidente Petro, en vez de salir con señalamientos temerarios, está en la obligación de revisar las cuentas y las características de las casas. El ambicioso proyecto tenía dos objetivos: entregar casas a la mayor brevedad posibles -la gente estaba durmiendo en la calle- y que éstas fueran construidas con materiales capaces de soportar futuros huracanes. De nada servía hacer viviendas de menor calidad que sucumban fácilmente ante los vientos huracanados que golpean al Caribe. 

Para poner en marcha la reconstrucción se trazó un plan logístico que pasó por el transporte de los materiales -desde las puntillas hasta el concreto-, la contratación de la mano de obra, la adecuación de terrenos y los diseños de los inmuebles. 

En un momento hubo 2500 trabajadores desplegados en toda Providencia. 

Dice el presidente Petro que “el costo promedio de estas casas en concreto en la reconstrucción de Providencia ha sido de 600 millones de pesos”.

En criterio del mandatario, el uso del concreto como materia prima es una “barbaridad” y que la obra “se hizo alrededor de imponer criterios desde Bogotá y no de apoyarse en la comunidad raizal”.

Demagogia pura y dura. Por ignorancia o mala fe, el presidente desconoce que el proyecto se desarrolló de manera concertada con la comunidad. Al comienzo de la construcción, se contrataron 5 compañías locales que apoyaron la edificación de algunas casas y escenarios deportivos.  

Se decidió que, de las 1845 casas, 330 de ellas fueran en acero y concreto para que sirvan de refugio o bunker cuando vuelva a pasar un huracán por la isla. Solamente el 17.8% de las viviendas son en ese material. 

Y falta a la verdad el jefe de Estado cuando afirma que el promedio de cada casa es de $600 millones de pesos. Las cifras, que fueron conocidas y avaladas por la Contraloría General de la República -esa que ahora ha quedado en manos de una ficha del Pacto Histórico- indican que las únicas viviendas de ese valor son las de concreto y acero. 

Se repararon 600 propiedades en $200 millones cada una; 1200 casas nuevas fueron edificadas a un valor de entre $340 y $350 millones. Respecto a los tamaños, el gobernante dejó entrever que todas las casas eran de 70 metros cuadrados. No es cierto. Hay viviendas de hasta 200 metros y las de concreto oscilan entre los 90 y los 108 metros. 

Otro aspecto que el presidente no quiso decir: Providencia, que tiene una población de no más de 5500 personas, quedó con 9 escenarios deportivos y parques. Tiene una casa cultural y hasta un estudio de grabación. También cuenta con un museo nuevo y una infraestructura turística con 140 cabañas. 

No hay muchos pueblos de Colombia con una demografía tan baja que puedan ostentar semejante infraestructura, erigida en tiempo récord precisamente para atender la urgencia humanitaria que generó el devastador huracán Iota.  

Habría sido menos oneroso para el Estado construir casitas de guadua, con mano de obra local. Aquello no habría solucionado el problema de fondo. La isla seguiría devastada, sin que sus habitantes tuvieran un techo seguro y unos lugares de primer nivel para practicar deportes y participar en actividades culturales. 

@IrreverentesCol

Publicado: agosto 24 de 2022