Un país sin justicia es un país sin esperanza, comentaba Álvaro Gómez Hurtado, de quien se conmemoraron el martes pasado 2 de noviembre 26 años de su vil asesinato al frente de la universidad Sergio Arboleda en Bogotá.

La sociedad colombiana, en general, ha sido generosa y complaciente con la violencia, el terrorismo, el secuestro, el narcotráfico, con todos los actores de nuestra violencia cuya narrativa solo se remonta a un periodo en exclusividad.

Cuando hacemos un análisis concienzudo sobre el origen de la violencia, en vez de imponer el orden como precepto conservador de calidad de vida de los ciudadanos, nos daríamos cuenta que la sumisión y la capitulación de la larga marcha buscando un acuerdo definitivo de paz ha sido una constante desde la pre independencia (Ver Correa, 2016).

Cuántos tratados de paz se han firmado desde la preindependencia con la esperanza de no volver a repetir los actos de violencia, sin embargo; se vuelven a reproducir y reproducir como la Hidra, ese engendro de la mitología griega de donde sale una cabeza tras otra y tras otra.

Para Correa, más de 45 los cuales han estado dentro del marco de la mentira.

El último de ellos, el Tratado de Colón entre el gobierno corrupto y amoral de Juan Manuel Santos con las Farc de Timochenko y sus secuaces maleantes, bandoleros, narcotraficantes, quienes sometieron al Estado colombiano al yugo de la paz.

Quienes nos opusimos a dicho acuerdo, fuimos etiquetados como los enemigos de la paz. Otros, cobardes, se dedicaron a guardar silencio. A no decir nada. A ser cómplices de un régimen, como lo postulaba Álvaro Gómez Hurtado, que compró la conciencia de la sociedad colombiana, toda.

Igual que durante el proceso 8.000 durante el gobierno corrupto y amoral de Ernesto Samper.

Es que la historia se repite.

Los compromisos adquiridos de dicho acuerdo fueron más importantes que la propia constitución de un pueblo que le dijo que No a ese acuerdo y, sin embargo, pasaron por encima de su voluntad y que, por lo demás, terminó siendo negociado por el mismo Álvaro Uribe Velez al día siguiente de haber ganado el No.

Si, el tratado de Colón es una muestra fiel de las mentiras sobre los tratados de paz, el que se firmó con el entonces movimiento guerrillero M19 no se quedó atrás.

El presidente Betancur, debemos asumir que actuó de buena fe, ingenuo pero de buena fe, sostuvo que: los diálogos de paz iniciados por el gobierno tiene enemigos interesados. Unos desde el anarquismo que todo lo quiere destruir, otros desde el secuestro que financia y asesina. Otros desde el deseo de venganza de quienes ven caer con sus propios ojos a seres queridos en medio de la violencia (Ver Correa, 2016).

De entrada, al igual que JMS, Betancur planteó el esquema de los enemigos de la paz, olvidándose que los verdaderos enemigos eran los miembros del M19 quienes habían secuestrado a Álvaro Gómez Hurtado el 29 de mayo de 1988, a la salida de una misa cerca al lugar de su residencia en Bogotá, bajo el gobierno de Virgilio Barco, resultando asesinado uno de sus escoltas.

Más adelante, el eme, movimiento popular durante la administración Turbay por sus actos heroicos e inverosímiles como la toma de la embajada dominicana en Bogotá, alias: chiqui, no solo traicionó a quien le tendió la mano, el gobierno de Betancur, sino que lo enjuició públicamente al tomarse el Palacio de Justicia entre el 6 y el 7 de noviembre de 1985, siendo yo un joven cadete de la ESMIC con pretensiones de hacer carrera militar.

El secuestro de Álvaro Gómez Hurtado tuvo unas consecuencias posteriores para la sociedad colombiana como la firma del tratado de paz con el M19, su entrega de armas e indultos y amnistías, capitulaciones según Correa,  aprobadas por el entonces senador Álvaro Uribe Vélez, perteneciente al partido Liberal.

El Estado colombiano, junto con su sociedad, sigue siendo generoso con los maleantes quienes quieren tomarse el poder en el 2022 con el señor Petro, sus bolsas, sus secuaces.

Para una muestra que un país sin justicia es un país sin esperanza, ahora resulta que a Garavito antes toca arrodillársele.

La justicia colombiana le dará la libertad por vencimiento de términos.

Y, pensar que la Fiscalía General de la Nación, creación de Gómez Hurtado, estuvo en manos de Montealegre y ‘Tocarruncho‘.

Si quieres la paz, prepárate para la guerra.

Puntilla: Única respuesta del actual Fiscal Barbosa frente al caso de Álvaro Gómez Hurtado: por favor no me presionen. Nos merecemos nuestra suerte.

Rafael Gómez Martínez

Publicado: noviembre 9 de 2021