Provocación a Estados Unidos, no pago de la deuda y desmonte de la Fuerza Pública. En eso se resume el discurso de posesión de Gustavo Petro. Un difícil abrebocas de lo que se viene y frente a lo cual nada bueno se puede augurar. 

En primer lugar, Petro prácticamente le declaró la guerra diplomática a Estados Unidos. Al mejor estilo de Noriega cuando amenazó a la Casa Blanca con un machete mientras se dirigía a un auditorio, el ahora Presidente se opuso a la política antidrogas con un discurso sumamente hostil que deja fría la relación con el Tío Sam.

Además, el mandatario anunció un nuevo bloque de alianzas internacionales con naciones africanas y de medio oriente completamente opuestas a la unión americana. No en vano el Vicepresidente de Irán asistió a la posesión. Un preocupante giro en la política exterior del País que puede salir bastante caro, teniendo en cuenta que Estados Unidos es nuestro principal socio comercial, político y militar. Nada más por mencionar una cifra, Washington le entregará a Bogotá a lo largo del 2022 US$471 millones por concepto de cooperación internacional. 

En segundo lugar, Petro abrió la puerta para hacerse el loco con el pago de la deuda. Alegando la lucha contra el cambio climático, propuso sustituir el cumplimiento de las obligaciones financieras de la Nación con servicios ambientales. Una apuesta romántica e inspiradora, pero terriblemente peligrosa para las finanzas del País.

De hecho, si hay algo en lo que se ha caracterizado Colombia es en ser buena paga. La Nación siempre ha cumplido sus obligaciones y nunca le ha quedado mal a los acreedores, algo que nos ha permitido tener abiertas las puertas a la financiación en los mercados internacionales con buenas tasas de interés.

Hacer lo contrario, incumplir el pago de la deuda, lo único que logra es generar una desconfianza que aleja la inversión y encarece las posibilidades restantes de endeudamiento. Una completa irresponsabilidad.

En tercer lugar, Petro prácticamente ordenó el desmonte de la Fuerza Pública. En vez de combatir a los bandidos que siembran terror en las regiones, los soldados y policías ahora se dedicarán a sembrar distritos de riego y construir puentes.

Una decisión que va de la mano con el nombramiento de un Ministro de Defensa enemigo de las instituciones castrenses y una propuesta de paz total que no es nada distinto a un cese unilateral del Estado que deja intactos física y financieramente a los grupos armados en el País.

La seguridad del País quedó a la deriva y la criminalidad no puede estar más feliz: sin lucha contra las drogas, sin ofensiva militar, sin ningún tipo de liderazgo y con una Fuerza Pública convertida en boy scouts 

@LuisFerCruz12

Publicado: agosto 10 de 2022