ANNUS HORRIBILIS Por Ana María Abello

El mundo está a menos de una semana de recibir una gran “Trumpada” léase trompada. Si todos los pronósticos recientes se cumplen y si no revienta un escándalo que imposibilite de manera absoluta su candidatura, Donald J. Trump será elegido el presidente número cuadragésimo quinto de los Estados Unidos.

Tengo que confesarles que, aunque me parece increíble que entre 300 millones de estadounidenses las únicas dos opciones sean Hillary Clinton y Donald Trump, yo prefiero a Trump por encima de Clinton. Entre otras razones me preocupa que la señora Clinton sea la continuación de la administración Obama. Administración que se ha mostrado débil frente a los avances de los Castro en América Latina.

Con sus políticas débiles en el escenario internacional, Barack Obama ha roto con el equilibrio del orden mundial.  Gústele a quien le guste la fortaleza o debilidad de los Estados Unidos nos afecta a todos. Si dicho país se muestra débil frente a los avances del comunismo sucede lo que ha venido sucediendo en Venezuela y en el resto de países donde el castrismo se ha inoculado.

Tengo la íntima convicción de que Colombia sería uno de los mayores trofeos por conquistar de los Castro. También pienso que nuestra mayor vulnerabilidad reside en la incredulidad. En general, los colombianos creen absolutamente imposible que en Colombia pueda ocurrir lo que está ocurriendo en Venezuela. Como dicen por ahí, el mayor engaño del Diablo es hacernos creer que no existe.

La enfermedad Castrista tiene sus orígenes en Cuba, país que se ha convertido en un parásito profesional. Cuando Fidel Castro llegó al poder de manera sangrienta se convirtieron en el único enclave comunista de occidente, dependientes económicamente de la antigua Unión Soviética. Cuando cayó el comunismo en el país benefactor, no a través de ningún proceso violento o revolucionario sino por el decaimiento orgánico del sistema comunista que demostró su ineficiencia, también cayó el apoyo económico de Cuba. Fidel Castro, ni corto ni perezoso le puso el ojo al país más próspero de América Latina, Venezuela. Una Venezuela que aún no puede creer lo que le está sucediendo.  Cuba secó a Venezuela económica y moralmente, y por eso hoy, no es ni el reflejo de lo que fue hace 18 años.

Con la caída de los precios del petróleo además del alto costo que implica sostener a Cuba e intervenir en la política de países latinoamericanos inclusive algunos europeos como España, ha conllevado a una crisis económica sin precedentes en Venezuela que necesariamente tendría que verse reflejada en Cuba.  Pero Cuba que, como lo dije anteriormente, es un parásito profesional suertudo, encontró oxígeno en Estados Unidos.  Barack Obama en un espíritu conciliador decidió tenderle la mano a los Castro a cambio de nada.

En el escenario internacional estas muestras son peligrosas por el mensaje que envían. Y es que, si Estados Unidos le da su bendición a Cuba, naturalmente ésta se extiende a los países que siguen sus políticas del socialismo del siglo XXI, más específicamente, a Venezuela.

Hillary Clinton es la continuación de estas políticas de Barack Obama. A diferencia de Colombia, en Estados Unidos un candidato no puede hacerse elegir bajo el manto de un programa político para después hacer lo contrario. Si Clinton es elegida presidente ella tiene que continuar la misma política conciliatoria con Cuba y Venezuela que amenaza las democracias de los países de la región.

Esta es, a mi parecer, razón suficiente para preferir a Trump por encima de Clinton. Si el señor Trump sigue el programa político republicano debería ponerle el freno a los Castro y a Maduro por consiguiente se acabaría ese apoyo a los movimientos que amenazan la democracia y las instituciones de Colombia.

@ANIABELLO_R