Terrorismo bueno  Vs.  terrorismo malo

Terrorismo bueno Vs. terrorismo malo

Cuando en el mundo entero parece haber consenso sobre el manejo que debe dársele al terrorismo, Colombia –como si fuera un niño diferente- rompe el esquema y enaltece políticamente a organizaciones que han cometido actos de barbarie igual de extremos a los que se han registrado en las últimas semanas en distintos rincones del planeta.

Para la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá, las Farc y el Eln son grupos terroristas, lo que significa que dichos gobiernos consideran que aquellas organizaciones están al mismo nivel de ISIS, Hamas, Hezbollah, Martires de las brigadas de Al-Aqsa y el Frente Democrático para la Liberación Palestina.

Todas esas organizaciones han secuestrado aviones en pleno vuelo, han detonado artefactos explosivos en zonas concurridas por civiles, han secuestrado con fines extorsivos, han traficado con estupefacientes o lavado activos y han reclutado forzosamente a menores de edad.

Los validadores de oficio del proceso de paz con las Farc y el Eln, enfurecen cuando se hacen comparaciones entre las organizaciones ilegales colombianas y las estructuras extranjeras y descalifican en los peores términos a quien se atreva a ubicar sobre el mismo plano las acciones cometidas de unos y otros para poner en evidencia que mientras el mundo se emplea a fondo en el combate de ese flagelo, nuestro país se rinde de rodillas ante el mismo, decisión que atenta gravemente contra nuestra estabilidad democrática.

Quien se horrorice con la matanza de civiles que celebraban el día de la independencia francesa en la ciudad de Niza, también debería estarlo por la masacre de campesinos inermes que buscaban refugio en la iglesia de Bojayá, en el Chocó. Aquel que se estremezca con las imágenes de los secuestrados que son mostrados por ISIS vistiendo uniforme naranja, está en la obligación de manifestar el mismo sentimiento con los videos que hace pocos años nos llegaban de los campos de concentración que establecieron las Farc en las selvas de Colombia.

No hay mayores diferencias entre las acciones terroristas de extremistas musulmanes y las que cometen las Farc o el Eln.

El mundo entero se conmocionó cuando supo que en Nigeria opera una organización, Boko Haram, que secuestró a 250 niñas para utilizarlas como esclavas sexuales. Durante décadas, las Farc y el Eln han incurrido en el mismo delito. Resulta contradictorio que en Colombia nos manifestemos en contra de que se cometa ese crimen en un lejano país africano, pero, al decir popular, nos hagamos los de la vista gorda frente a las niñas que en diferentes regiones del país han sido reclutadas por la guerrilla para cometer contra ellas todo tipo de vejámenes y humillaciones, violarlas y obligarlas a abortar contra su voluntad.

El rasero debe ser el mismo. Si las víctimas de ISIS se ofenderían y hasta se rebelarían si algún gobierno resuelve convertir a esa banda criminal en un interlocutor político con el fin de perdonarle todos los crímenes que ha cometido, hay que valorar y respetar el sentimiento que embarga a miles de víctimas de las Farc que con impotencia registran cómo sus victimarios se convertirán en el futuro inmediato en sus gobernantes.

Ninguna democracia respetable negociaría con el terrorismo más allá del lugar y la hora de su sometimiento a la ley. Tal vez se podría tener un ápice de compasión en materia del castigo penal en caso de que reparen a sus víctimas y confiesen la totalidad de sus delitos, aunque esa posibilidad es inexistente en los Estados Unidos y Europa.

Por eso, resulta inaceptable esa suerte de “neocolonialismo” al que se ha sometido a nuestro país. Gobiernos como los de España, Gran Bretaña y Francia, que han padecido los rigores del terrorismo, sabiendo que sus ciudadanos no aceptarían una negociación con los perpetradores de dichas acciones, frente a Colombia exhiben una actitud hipócrita que jamás lucirían en sus respectivos países, alentando una negociación que atenta contra nuestros valores republicanos, que desestabiliza al régimen constitucional y legal y que, lo más grave, ofende a la nación.

El proceso con las Farc, ha puesto de manifiesto el doble rasero psicológico de quienes aplauden a rabiar por perdón incondicional que se le dará a la guerrilla y paralelamente se manifiesta indignados y entristecidos por los ríos de sangre que han corrido en otras naciones, como si el terrorismo extranjero fuera malo y el que sufrimos nosotros fuera bueno.

@IrreverentesCol