Falta un mes para que tenga lugar la consulta interpartidista en la que se definirá quién será, entre Duque, Ordóñez y Ramírez, el candidato presidencial de la coalición que se opuso a los acuerdos entre Santos y la banda terrorista de las Farc.

Son muchos los elementos, objetivos y subjetivos que deben valorarse antes de tomar una decisión final respecto de por quién votar en dicha consulta. Lo primero, confirmar el compromiso real de cada uno de los candidatos con el NO durante la campaña plebiscitaria de 2016.

Duque, como senador estrella del Centro Democrático, fue de los principales líderes en la campaña que encabezó el presidente Uribe. Cuando nadie daba un peso por la victoria del NO y todas las encuestas –evidentemente amañadas- daban un amplio margen de victoria al SÍ, el CD no solo no desfalleció, sino que redobló esfuerzos para argumentar y convencer a la ciudadanía de los elementos nefastos que tenía el acuerdo con las Farc.

Alejandro Ordóñez, desde la procuraduría, fue el único alto funcionario del Estado que realmente alertó sobre los efectos negativos del acuerdo. Contra viento y marea alzó su voz para demandar justicia efectiva paralos responsables de crímenes de lesa humanidad.

Su presencia en el ministerio público resultaba a todas luces incómoda y su oposición al acuerdo Santos-Farc fue lo que efectivamente catalizó su salida de la procuraduría.

A las pocas horas de que el consejo de Estado tomara la arbitraria  decisión de anular su reelección como Procurador General de la Nación, empezó a recorrer las calles del país para hacer campaña por el NO en el plebiscito.

Así las cosas, tanto Duque como Ordóñez tienen sobradas credenciales para presentarse como aspirantes presidenciales de la coalición. Pero no sucede lo mismo con la doctora Marta Lucía Ramírez quien tuvo una posición ambivalente en dicha campaña. No participó en una sola manifestación en plaza pública promoviendo el voto por el NO. En su momento, ella misma le reconoció a LOS IRREVERENTES que su papel había sido muy marginal en dicho proceso político. Alegó que había hecho “muchos periscopes (transmisiones en vivo por las redes sociales) acompañada por jóvenes”.

Pero en foros universitarios durante la campaña, su posición fue intermedia. Le prendió una velita a cada santo. Aunque con tono timorato reconocía algunos inconvenientes del acuerdo, también exaltaba el esfuerzo de paz del gobierno. Dicen quienes  participaron en un debate en la universidad del Rosario en el que participaron voceros del NO y del SÍ, que ella solicitó que su silla fuera puesta en medio de ambas facciones.

Lo que está en juego es un asunto de singular trascendencia. El país no puede equivocarse, mucho menos quienes se oponen a que los delincuentes de las Farc continúen impunes y ocupando cargos de elección popular. El candidato de la coalición del NO tiene muchas posibilidades de ganar la presidencia de la República en las elecciones de este año y por eso esa representación debe ser depositada en alguien que efectivamente esté comprometido con hacer los cambios que se requieren.

Nadie se opone a que las Farc entreguen efectivamente sus armas y desmovilicen a la totalidad de sus integrantes. A lo que sí hay oposición es a que criminales de lesa humanidad no paguen un segundo de cárcel y, además, puedan ocupar cargos públicos. La impunidad y la elegibilidad son las más alevosas formas de revictimizar a una sociedad.

Ante la posibilidad de un triunfo de la izquierda en las elecciones presidenciales, quienes están al otro lado en el espectro ideológico no pueden embarcarse en aventuras peligrosas. El 11 de marzo, cuando tenga lugar la elección del candidato presidencial de la coalición, debe escogerse a alguien que realmente esté decidido a  reversar aspectos nocivos del acuerdo que Santos le regaló a los terroristas de las Farc.

@IrreverentesCol

Publicado: febrero 12 de 2018