Acierta el Gobierno al exigir el carné de vacunación desde noviembre, quizás el paso que faltaba para llegar a esa inmunidad de rebaño que llevamos anhelando hace más de un año. Aunque la medida no está exenta de polémica, creo que es lo correcto en un momento donde están todas las condiciones dadas para que no haya un solo colombiano sin inmunizar.

Claramente el debate ideológico que trasciende esta discusión se centra en si el Estado puede forzar las libertades individuales de los ciudadanos y obligarlos a hacer algo que no quieren. En principio, la respuesta debería ser negativa, dado que el poder público debe estar limitado y no tiene por qué pasar ese límite de lo personal.

No obstante, la situación con el coronavirus no se puede analizar tan a la ligera. En efecto, si una persona decide no vacunarse contra la fiebre amarilla y contrae la enfermedad, en últimas deberá asumir las consecuencias de su elección sin que el grueso de la sociedad se vea afectada, de la misma manera que habría de ocurrir si un sujeto, en ejercicio de la libre determinación de su voluntad, despilfarra su capital en todo tipo de vicios. Cada uno es responsable de sus actos.

Sin embargo, esta lógica no es aplicable al Covid, dado que, a diferencia de la mayoría de las enfermedades, su nivel de contagio es tan alto que paralizó por completo al mundo durante un año y ha llevado a la muerte a más de 5 millones de personas a nivel global.

Por eso, en este caso el hecho de no vacunarse no se limita a una decisión individual con repercusiones individuales, sino que conlleva una actuación que perjudica a toda la población, afecta la reactivación económica y pone en juego miles de empleos que se están recuperando progresivamente.

Debido a estas circunstancias excepcionales, que ciertamente no se veían hace más de un siglo, es legítimo que el Gobierno exija la inmunización de la población aduciendo razones de salud pública, más aún cuando los resultados vistos este semestre demuestran la efectividad del antídoto para combatir la pandemia.

Por ejemplo, mientras que de mayo a julio tuvimos un promedio superior a los 20.000 casos y 400 fallecidos diarios, desde septiembre registramos menos de 2.000 eventos y 50 decesos al día. Una disminución contundente que permitió que sectores como el entretenimiento y la gastronomía ya puedan funcionar con un aforo del 100%.

Una dinámica que se ha replicado en casi todos los países del mundo y que ha llevado a varios Gobiernos a exigir el carné de vacunación para viajar, trabajar o acceder a todo tipo de servicios presenciales. Una nueva realidad a la cual nos debemos adaptar y que ha demostrado, hasta el momento, ser el camino más efectivo para culminar el proceso de inmunización que está salvando miles de vidas al día.

@Tatacabello

Publicado: noviembre 5 de 2021