Los enemigos del presidente Uribe esperaban que él fuera arrestado por desacatar la tutela presentada por el humorista Daniel Samper. 

En cumplimiento de la orden impartida por un magistrado del tribunal superior de Bogotá, el presidente Uribe hizo la respectiva corrección respecto de una opinión expresada por él sobre el humorista Daniel Samper Ospina. (Lo invitamos a leer “La tutela que favorece a Daniel Samper”).

A través de una acción de tutela que evolucionó a una velocidad inusitada, el magistrado en cuestión, Luis Fernando Ramírez Contreras, ordenó que el presidente Uribe cumpliera con la pretensión de Samper Ospina quien posando de víctima desvalida, se sintió ofendido y mancillado con el señalamiento de haber violado los derechos de la hija recién nacida de la senadora uribista, Paloma Valencia.

Uribe, respetuoso de las decisiones que emanan de la justicia, procedió dentro del término fijado a hacer la respectiva corrección, en términos que satisfacen ampliamente lo exigido por el accionante, a través de su abogado, el contratista del Estado, Ramiro Bejarano Guzmán (Sobre los vínculos contractuales de Bejarano con el Estado, lo invitamos a leer “Los silencios de Bejarano”).

Sobre el magistrado que resolvió la acción, entrando en terrenos que no le corresponden a la administración de justicia y pronunciándose sobre asuntos que no eran del resorte de la tutela, ha surgido una información que resulta francamente alarmante y que pone en tela de juicio su imparcialidad. En efecto, se ha indicadoque el doctor Luis Fernando Ramírez Contreras estuvo involucrado en una red de corrupción que buscaba favorecer a algunos poderosos personajes procesados en el tribunal superior de Bogotá, a través de los repartos de los expedientes.

Aquel delicadísimo antecedente, que no ha sido investigado con la seriedad y profundidad que amerita, inmediatamente hace dudar sobre la transparencia y equilibrio con que pudo ser fallada la acción de tutela interpuesta por el humorista Samper Ospina.

Conocido el fallo, el presidente Uribe procedió, desde Barranquilla, a hacer lo ordenado por el magistrado Ramírez, sin dilaciones ni argucias, lo que no significa, ni mucho menos que él haya reversado su criterio sobre el sujeto en cuestión. Es un hecho probado que Samper Ospina es un calumniador de todas las horas y que cobardemente encubre sus calumnias e injurias, haciéndolas pasar como “sátiras”. Igualmente, como director de la revista Soho, autorizó la publicación de fotos de niños desnudos, hecho que en cualquier país del mundo es calificado como pornografía infantil, menos en la Colombia del cuestionado magistrado Ramírez quien, sin mayores elementos de juicio, concluyó que cuando el presidente Uribe hace esa denuncia, se trata de “una impresión personal, tardía y descontextualizada”.

Habría que preguntarle al magistrado Ramírez qué tipo de imágenes de niños desnudos sí son, en su criterio, pornografía infantil.

Un hecho adicional llama poderosamente la atención y es la ira que desató en algunos sectores del periodismo enemigo del uribismo, la reacción prudente y respetuosa del presidente Uribe frente a la acción de tutela. Muchos de esos periodistas se estaban frotando las manos, a la espera de que el expresidente no cumpliera con lo ordenado en el fallo, razón por la que obligatoriamente habría sido objeto de un arresto por desacato. Se quedaron con las ganas de ver a Uribe esposado y entrando a una estación de policía.

Otros, aún más altaneros, consideraban que el expresidente debía, básicamente, arrastrarse por el piso implorando perdón del abusivo Daniel Samper Ospina. Como aquello no ocurrió, su reacción ha sido iracunda.

Lo cierto es que culminado este episodio menor, ha quedado en evidencia la forma vulgar como Samper Ospina ejerce el periodismo, fungiendo de humorista para ofender, insultar y calumniar a todo aquel que no milite en la cuerda ideológica de su familia, esa sí bastante cuestionada por haber, presuntamente, participado crímenes brutales.

@IrreverentesCol

Publicado: agosto 8 de 2017