Cómo pasar de agache y no morir en el intento. Así se podría nombrar la estrategia comunicacional del presidente Juan Manuel Santos, para la actual situación de orden público que enfrenta el país. Y es que para el mandatario y su gobierno, no hay nada grave. Los hechos se minimizan, todo se maquilla, se le pone un lindo eufemismo, y se deja diluir –sin ninguna vergüenza- en la cara de los medios de comunicación.

En efecto, ante el secuestro del funcionario de la ONU, Harley López, el pasado 3 de mayo en Miraflores (Caquetá), por parte de uno de los frentes disidentes de las Farc, el presidente Santos -en sus declaraciones ante el país- sacó su clásica perla: es una retención.

¿¡Retención!? ¿Es en serio, presidente? Creo que el mandatario de los colombianos no se ha dado cuenta, a lo largo de todo su gobierno, que ese tipo de eufemismos nos tienen cansados a todos los ciudadanos, por una sencilla razón: ¡no somos bobos, presidente! Así usted pretenda tratarnos como tal. Nosotros sí nos estamos dando cuenta de las cosas que pasan con el país, las Farc y su proceso de paz.

Lo quiera o no aceptar Santos es un secuestro. No en vano, el frente primero de las Farc está pidiendo que se despeje una zona del Caquetá para la liberación. Pero, además, dicho grupo guerrillero pide expresamente que el Gobierno Nacional no intervenga en este proceso. ¿Será, entonces, que estamos hablando de unas “pequeñas” disidencias, como las nombran en el Gobierno? ¿O será que estos “bandidos”, como los llama el Ministro de Defensa, sí tienen más poder del que se pensaba? ¿O quizá nos van a seguir diciendo que eso es “normal” en todos los procesos de paz, que era “inevitable”, que hace parte de la “transición”?

¡Que no nos digan más mentiras! Las cosas como son y “al pan, pan, y al vino, vino”. Esto está pasando de castaño a oscuro, por múltiples razones. Por un lado, cabe recordar que los grupos disidentes de las Farc están, en su mayoría, en el sur del país. Territorios en los que han hecho presencia por muchos años y que son vitales para ellos porque hacen parte de las rutas de narcotráfico.

En consecuencia, hoy por hoy, en dicha región no se puede hablar de “orden” público, cuando el caos y el terror están haciendo de las suyas. Para la muestra unos pocos ejemplos: secuestraron a dos campesinos en Cartagena del Chairá (Caquetá); detonaron un artefacto explosivo en San José del Guaviare, mientras pasaba un camión militar; están repartiendo panfletos en los que prohíben a los campesinos participar en los programas de sustitución de cultivos; están cobrando exorbitantes extorsiones a comerciantes y ganaderos; han robado cabezas de ganado; etc.

No obstante, lo anterior es una clara demostración de que el conflicto armado en Colombia se está reorganizando. Con el agravante de que ahora tiene más actores en su haber: bandas de crimen organizado (las reconocidas y ahora negadas BACRIM), desertores de las Farc, nuevos narcotraficantes, milicias, grupos guerrilleros fortalecidos como el Eln y el Epl, entre otros. Actores que, por supuesto, están demostrando todo su poderío, con el fin de reclamar como suyos antiguos territorios y negocios de las Farc.

Para ilustrar lo anterior está la banda conocida como el “Clan del Golfo”, que ha dado muestras de todo su arsenal criminal en más de 10 departamentos del país, entre los que se encuentran Antioquia, Chocó, Córdoba, Sucre, Santander, Bolívar, etc. Es así como su “Plan Pistola” deja hasta ahora 11 Policías y dos civiles muertos, y 41 personas heridas (entre ellas 26 Policías y dos funcionarios del Inpec), según cifras del Ministerio de Defensa.

Es por eso que ante este “desorden” público, le digo al presidente Santos que no queremos más eufemismos. ¡Las cosas como son y con la dimensión que tienen! Es grave la situación del país y en respuesta a esto necesitamos unas Fuerzas Militares y una Policía con todo su potencial en acción. No como las quieren ver las Farc: debilitadas y disminuidas. Porque si antes estábamos mal, ahora vamos peor.

@Tatacabello

Publicado: mayo 19 de 2017