Raspando la olla

La magistrada Julia Emma Garzón, ha sido duramente cuestionada por su proceder no muy decente ni transparente. Fue ella una de las protagonistas del vergonzoso “carrusel pensional” que se puso en marcha en la impopular sala disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura.

A esa sala han llegado magistrados de bajísima calidad profesional y cuestionada solvencia moral como la doctora Garzón quien, por ejemplo hizo nombrar a la cuñada de un exjefe suyo como su magistrada auxiliar durante 6 semanas y gracias a ello la beneficiada pudo subir su pensión de menos de 3 millones de pesos a más de 11 millones y medio.

Cuando se descubrió aquel carrusel pensional, se puso en evidencia que desde la sala disciplinaria de la judicatura operaba una verdadera banda criminal en la que magistrados daban palomitas a auxiliares para efectos de que aumentaran su factor de cotización, mientras que unos jueces corruptos se prestaban para fallar tutelas a favor de aquellas personas y dejar en firme millonarias e inmerecidas pensiones.

Los protagonistas de este escándalo de corrupción eran los magistrados Ovidio Claros, un hombre gris en cuyo prontuario hay demandas por inasistencia alimentaria y violencia intrafamiliar, Henry Villaraga, alias “El diablo de Purificación”, quien tuvo que renunciar al Consejo Superior de la Judicatura porque estaba a punto de terminar tras las rejas por cuenta de su cercanía con el delincuente excoronel Robinson González del Rio y la cuestionada Julia Emma Garzón.

A la magistrada Garzón le gusta el dinero y sobre todo si éste proviene del tesoro público. A comienzos del año pasado, el país volvió a conocer un escándalo protagonizado por ella y su esposo, el abogado Jesús Orlando Gómez quien, sin una hoja de vida significativa, misteriosamente fue designado como el beneficiario de un millonario contrato pagado por la aseguradora “La Previsora” que es la entidad que cubre las defensas judiciales de los magistrados del Consejo Superior de la Judicatura. Interesante: el esposo de una magistrada se queda con el contrato para defender a los colegas de su cónyuge.

 

Aferrada al cargo

Como un gatico que resiste a caer de una butaca, se encuentra la magistrada Garzón que se posesionó el 20 de agosto de 2008 para un periodo de 8 años. Así las cosas, la señora debe salir del cargo en los próximos días por cumplimiento de su periodo.

LOS IRREVERENTES la llamaron a preguntarle porqué, a punto de cumplir los 8 años como magistrada, ella ha anunciado que seguirá despachando como juez disciplinaria de la rama jurisdiccional. Su respuesta resulta estrambótica: como aún no se han designado a las personas que deben integrar la recientemente creada “Comisión Nacional de Disciplina Judicial”, ella alega que debe “permanecer indefinidamente en la judicatura porque no puedo cometer el delito de abandonar mi cargo”, aseguró la cuestionada y polémica magistrada.

A punta de argucias y de enredos, muy de su estilo, la doctora Garzón raspará la olla quién sabe cuántos días más y, lo peor de todo, es que la sociedad sale a deberle pues ella quiere hacer creer que está prestándole un servicio a la Patria.

Urge que a quienes les corresponda, tramiten rápidamente la elección de los magistrados que deberán reemplazar a Julia Emma Garzón, mujer que en los últimos 8 años envileció y enlodó el nombre de la justicia colombiana.

 

@IrreverentesCol

Un comentario sobre “Raspando la olla

  • el Agosto 15, 2016 a las 09:55
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    Esa sala disciplinaria del Consejo Superior a la Judicatura con integrantes como Henry Villarraga y Julia Emma Garzón ha inferido un daño irreparable a la institucionalidad. Lo deplorable es que ante tanta ignominia los mecanismos de defensa de la moral pública hayan resultado ineficaces, permitiéndose que casos críticos como los de esta magistrada no puedan tratarse a tiempo a fin de extirpar el cáncer que comportan. Pobre justicia que tiene que soportarDo que esa clase de personajes lleguen a ser magistrados, otrora reservada esa dignidad a juristas de verdad e integérrimos y no a abogados con vocación para el malandrinaje.

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