A pesar de la gran expectativa que se generó alrededor de los Consejos de Juventud, la elección del pasado domingo fue un completo fracaso. El nivel de participación apenas ascendió al 10.42% y la soledad reinó los puestos de votación. Un panorama bastante desolador.

En especial, porque mucho ruido se había hecho en torno a la necesidad de incrementar la participación de los jóvenes en la toma de decisiones. Prácticamente todas las marchas de los últimos años tenían un acápite especial dedicado a este aspecto y constantemente se le exigía al Gobierno que abriera espacios para oír a las nuevas generaciones.

Por eso, lo sucedido el domingo no se termina de entender. Mientras que el promedio de participación en las elecciones a Congreso o Presidencia por lo general ronda entre el 40% y 50%, en los Consejos de Juventud el umbral fue demasiado menor. Una realidad que genera dos grandes preguntas.

La primera, es si realmente estos Consejos valen la pena. Si vemos en detalles sus funciones, la idea es que funjan como intermediarios entre los jóvenes y las administraciones para impulsar la agenda que le interesa a las nuevas generaciones.

Sin embargo, esa competencia ya está asignada hoy en día a los Concejos municipales, las Asambleas Departamentales y las Juntas Administradoras Locales, quienes, a diferencia de los Consejos de Juventud, sí tienen dientes para presionar al ejecutivo para que tengan en cuenta sus propuestas, dado que, de no hacerlo, los Alcaldes y Gobernadores se exponen a un bloqueo legislativo o a interminables debates de control político.

Es tan cruda y pragmática esta dinámica, que los Consejos del domingo pueden terminar convertidos en un saludo a la bandera al que los mandatarios no le prestan atención más allá de una reunión periódica para subir una foto a redes sociales.

La segunda, es si es realmente necesario que Colombia destine miles de millones de pesos a organizar unas elecciones atípicas como estas mientras hay tantas necesidades en el País. Y claro, la democracia cuesta, pero en una sociedad donde la pobreza supera el 42%, la mitad de los trabajadores están en la informalidad y el desempleo supera el 12%, no sé hasta qué punto vale la pena este tipo de acciones.

De hecho, en vez de destinar tantos recursos para financiar unos Consejos que poco o nada harán, sería mejor, por ejemplo, disminuir de 25 a 18 años la edad mínima necesaria para acceder a la Cámara de Representantes o establecer una cuota mínima de funcionarios jóvenes en el Estado. Medidas más realistas que no exigen miles de millones de pesos para llevarlas a cabo.

@Tatacabello

Publicado: diciembre 10 de 2021