Después de Darwin, quien propuso la teoría de la evolución biológica de las especies, fue Lewis H. Morgan, el gran inaugurador de los estudios antropológicos, quien propuso la teoría de la evolución de las sociedades humanas. En La Sociedad Primitiva (1877), Morgan distingue tres estadios de evolución de la humanidad: salvajismobarbarie y civilización. Los aztecas, a la llegada de Cortés, estarían en el sub estadio alto de la barbarie, es decir, en tránsito evolutivo a la civilización.   

En la monumental obra de Jenning, ‘Azteca’, un anciano de la nobleza azteca cuenta la historia del pasado y costumbres de su pueblo. En alguna página de esa narración se explicita el hecho histórico de que la humanidad, en esos estadios de desarrollo, vivía como naturales las prácticas sexuales con los niños. Hay escenas en la obra de Jenning, aclaro, que aunque explícitas y espeluznantes, no tienen intención pornográfica.  

A la fiera humana, capaz de semejantes prácticas, la han ido domando, milenio a milenio -a ese paso anda el asunto- los procesos civilizadores. 

La cultura de respeto a los niños ha ido tan lenta, que, sorpréndanse, la primera obra publicada sobre la historia de la infancia, data apenas de 1974. ¿Pueden creerlo? Se trata de “La evolución de la Infancia” de Lloyd de Mause, que comienza lanzando este latigazo a la insensible espalda de la humanidad: “la historia de la infancia es una pesadilla de la que hemos empezado a despertar hace muy poco. Cuanto más se retrocede en el pasado (…) más expuestos están los niños a la muerte violenta, al abandono, los golpes, al temor y a los abusos sexuales”.

La estadística y la crónica periodística ubican a la sociedad colombiana actual en el sub estadio bajo del salvajismo, en la tabla o ranking universal de respeto a los niños. 

Fue Gilma Jiménez, una ‘promujer’ colombiana -uso correctamente las comillas simples para recordar que dicha palabra todavía no ha sido incorporada al diccionario de la lengua- quien se encargó tesoneramente de convencernos de ello y, una vez convencidos, de recordárnoslo a toda hora.

Gilma llegó al senado en 2010 y su energía aún recorre los pasillos del capitolio, del que se despidió a mediados de 2013, abatida por un cáncer sin misericordia. Ella con quienes no tenía misericordia era con los pedófilos y quiso, desde el congreso, legarnos a los colombianos esa convicción y decisión de lucha.

La picota era una columna de piedra en las que exponían ante el público a los presos y las cabezas y cuerpos de los ajusticiados. Gilma propuso revivirla electrónicamente para los tiempos modernos: publicar la foto de los abusadores de niños en las pantallas de televisión. Su consigna era la estrategia de choque. 

A Gilma, que era una predicadora, una combatiente y una mujer de acción, le mortificaba el leguleyismo que prima en el congreso en los debates sobre la situación de los niños. Por eso, convirtió su paso por el senado en una corta pero intensa cruzada de sensibilización. Además de la controvertida picota, imaginó una Colombia con cadena perpetua para los pedófilos.

Ese proyecto que ella concibió está en marcha, aunque sus posibilidades de aprobación en la Comisió Primera del Senado están hoy en entredicho. Por ahora, la iniciativa de varios jóvenes congresistas, animados por el gobierno de Duque, y apoyados por la mayoría en las plenarias, ha sido aprobada en seis debates. De triunfar, se podrá castigar con prisión perpetua a los victimarios de menores de 14 años por los delitos de homicidio doloso, acceso carnal o actos sexuales abusivos. 

Esa aprobación sería un mensaje terrorífico para las bandas y redes de pedófilos internacionales que asignaron a Colombia, con capitales alternas Cartagena y Medellín, el oscuro papel de destino turístico preferencial.  

Sería un mensaje de coacción insuperable para miembros dañados de algunas profesiones, para padrastos malvados y para toda serie de abusadores, capaces de convertir escuelas, parroquias, hogares y diversidad de recintos, en cámaras de tortura para los niños y en laboratorios de desequilibrio mental para la sociedad del futuro.

Por esas razones y por la memoria de Gilma Jiménez, votaré sí el proyecto de reforma constitucional que faculta imponer la cadena perpetua en Colombia.

@JOSEOBDULIO

Publicado: junio 8 de 2020