Nada más imprudente e inoportuno, que la propuesta de un reducido y oscuro grupo de congresistas, de prolongar el período del presidente, el procurador, el fiscal, el defensor del pueblo, el registrador y naturalmente de los mismos congresistas.

En buena hora el presidente Iván Duque salió al paso de semejante desvarío y de manera clara y categórica desestimó la iniciativa y manifestó que su gobierno terminará el 7 de agosto de 2022. Duque no solo se apartó frontalmente de la propuesta, sino que, además, dejó muy en claro, que su gobierno se opone a tan obtusa, ociosa y extemporánea iniciativa.

Pero como era de esperarse, las turbas vandálicas afectas a Petro y adictas al caos y la anarquía propias del populismo comunista, trataron de aprovechar la confusión creada por semejante esperpento, para infructuosamente tratar de promover un paro nacional, en momentos que la nación necesita unirse para avanzar y tratar de abatir los efectos adversos de la contingencia sanitaria que nos asola.

Sobrecoge que los fletadores de turbas, admiradores de los criminales hermanos Castro, Chávez, Maduro y las Narcofarc, se valgan de una deshojada, desteñida y muy perturbada actriz, para desinformar y confundir a la opinión pública, y para intentar promover una nueva protesta, que como todas las anteriores, indefectiblemente degradaría en actos de violencia y barbarie.

Es claro que nadie, inclusive, con un coeficiente mínimo de inteligencia, coherencia y sentido común, podría apoyar tamaño despropósito, como tampoco apoyaría acortar el período del presidente y de los demás funcionarios incluidos en la propuesta. Pero contrario a lo que cualquier mente sana pensaría, Martín Santos, el hijo de Santos, le ha propuesto al país recoger firmas para reducir el período del presidente Iván Duque.

Francamente sobrecoge, ver personas, de las llamadas educadas, aprovechando la situación de emergencia que padecemos, para intrigar, disociar y tratar de crear anarquía y caos; el odio y el resentimiento invencible que las domina, las arrastra a desorientar y atribuirle al Gobierno todos los males y vicios de nuestra sociedad e inclusive, la llegada del llamado Covid-19.

Cómo me hubiera gustado vivir en otra época y en una nación en la que se respetara la autoridad y el querer y la voluntad de la inmensa mayoría; donde la sinrazón no fuera la razón; y, en donde reinara la educación, la disciplina y la cordura.

Pero aquí nací y aquí permaneceré, y no me resigno ni acostumbro a la indiferencia, a la indolencia, a la tolerancia y a la neutralidad cómplice frente al delito.

Perdón por soñar con una patria pacífica, educada y culta; con una democracia sólida con instituciones pulcras, respetadas y respetables; y, con una sociedad en la que reine el respeto, el orden y la ley, y no la perversidad, la envidia, el odio, el rencor y el resentimiento.

También perdón, por soñar con una nación civilizada y progresista, en la que su población rechace, repudie y condene el populismo, el comunismo y la criminalidad.

Pero para lograr que Colombia algún día sea esa patria soñada, debemos seguir educando y trabajando sin pausa.

Es tiempo de sumar, avanzar y edificar, no de restar, retroceder y destruir.

@RRJARABA

Publicado: marzo 22 de 2021

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*Rafael Rodríguez-Jaraba. Abogado Esp. Mg. Litigante. Consultor Jurídico. Asesor Corporativo. Conjuez. Árbitro en Derecho. Profesor Universitario. Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.