Leíamos en la Biblia los textos del evangelio de Juan sobre un personaje que llama la atención, Nicodemo, judío, fariseo y, como tal, aparentemente enemigo de Jesús. Como era una autoridad, debe haber sido esta la razón para no atreverse a visitar a Jesús de día, fue a verlo en la noche para pasar desapercibido. Pero había visto los signos de Jesús y, en la visita le dice: “Maestro sabemos que vienes de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él.” Jesús le respondió “Te aseguro que, si uno no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.” La respuesta deja a Nicodemo una intriga ¿cómo puede volver a nacer un viejo? Después de dar una clara explicación, Jesús cierra esta parte del diálogo con este detalle: “No te extrañes si hay que nacer de nuevo. El viento sopla hacia donde quiere: oyes su rumor, pero no sabes de donde viene ni adónde va. Así sucede con el que ha nacido del Espíritu”.   

Este pasaje nos hace pensar sobre el desarrollo y futuro de esta pandemia, no solo a quienes somos creyentes, a todos, porque como el viento, aunque en este caso si sabemos de donde viene el virus, no sabemos adónde va. Y es evidente que todos tendremos que nacer de nuevo, no digamos como el evangelio, solo para ver el reino de Dios, para vivir en el nuevo mundo que se nos viene encima. Un mundo totalmente diferente.   

No cabe duda, ya los cambios son una realidad, nos puso a todos a pensar, no sobre los placeres de este mundo, sobre cómo saldremos de la encrucijada, el desempleo, la crisis económica, la quiebra de miles de empresas; nos quitó de encima la soberbia, la autosuficiencia, el egoísmo. Despertó, en casi todos, la solidaridad perdida, el pensamiento en los demás, la necesidad de pregonar pequeñas comunidades casi como antaño, el trabajo en equipo, el uso razonable de las redes sociales, el manejo austero de nuestras posesiones y la necesidad de compartir. Nos toca, como en el evangelio volver a nacer.

Leemos mucho sobre los problemas de las empresas, pero, a pesar de los grandes esfuerzos que hace el gobierno para llegar a los más necesitados ¿nos hemos detenido a auscultar que le pasa a los que nos cuidan el carro en un estacionamiento en la calle, a la viejita que nos pide la limosna al salir del templo, el detestable que a la brava nos limpia el parabrisas del carro a la espera de una moneda de doscientos pesos, a los maromeros y los improvisados artistas del semáforo, a quienes venden dulces o frutas en las esquinas para lograr el sustento de sus familias? ¿A cuantos de estos le llega un auxilio?

@rafuribe

Publicado: mayo 1 de 2020