100 días de Gustavo Petro en la presidencia de la República y el resultado era previsible: la economía hecha pedazos. La inflación disparada -12.8%- y la moneda perfectamente devaluada. Desde que fue elegido, hasta hoy, el peso ha perdido el 34% de su valor frente al dólar.

La divisa corre desesperadamente y superó sin mayores obstáculos la barrera de los $5000 pesos. Hay analistas que aseguran que no tiene porqué sorprender si el cambio llega a los $6 mil durante el primer trimestre de 2023.

A comienzos de este año, el salario mínimo convertido a dólares era de U$251; hoy está en U$198.

Ante la hecatombe, el petrismo desesperadamente ha empezado a buscar un responsable. Los primeros en caer en la mira del socialcomunismo fueron los empresarios. Como siempre, el sector ideológico al que pertenece el gobernante de los colombianos, pretende culpar a los “ricos” de todos los males que aquejan a la sociedad. Pero también han enfilado sus cañones contra los medios de comunicación, la oposición política y hasta los twitteros que expresan su descontento y angustia por lo que está sucediendo en el país.

Discursos como el pronunciado en la COP27 por Petro, donde lanzó un majadero “mandamiento” de 10 puntos contra el petróleo y el carbón, inoculan nuevos miedos e incertidumbres en el sector productivo y en los inversionistas.

Su obsesiva guerra contra los combustibles fósiles le ha hecho un daño irreparable a la economía colombiana que depende, mayoritariamente, de los recursos que produce la explotación de crudo.

Dice el mandatario colombiano que “es la hora de la humanidad y no de los mercados”. Esa frase, como es natural, arranca aplausos en los fundamentalistas del ambientalismo, pero espanta a los inversionistas, a los dueños de los capitales y hasta a los pequeños ahorradores que, previendo una mayor debacle, se apresuran a comprar divisas en aras de salvaguardar su devaluado patrimonio.

En muy poco tiempo, Colombia sufrirá una dramática crisis por falta de liquidez. Que nadie se sorprenda si el gobierno, para evitar que siga saliendo dinero del país, establece un “corralito” o un control cambiario, al mejor estilo argentino.

En este escenario no hay enemigo distinto que Gustavo Petro, la errática e incompetente ministra Irene Vélez y otros extremistas que hacen parte del gobierno. Comunistas trasnochados que llegaron a imponer una agenda regresiva que en un abrir y cerrar de ojos hundieron a la economía de un país que, a pesar de las grandes dificultades que ha tenido que enfrentar en el pasado, era reconocido por su estabilidad, ortodoxia y seriedad.

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 9 de 2022