El gobierno tiene la pésima costumbre de señalar como enemigo de la paz a todo aquel que emita algún reparo al proceso de paz con la organización terrorista de las Farc, cercenando la alternativa democrática de quienes en efecto quieren la paz, pero no al precio que se está pagando en La Habana y mucho menos bajo las condiciones que se están pactando con los miembros de esa estructura delincuencial.

Juan Manuel Santos es un presidente perfectamente intolerante frente a las críticas, a los disensos y a la oposición. Ha ejercido el poder con talante antidemocrático, persiguiendo a sus rivales políticos con montajes judiciales y censurando a los periodistas que rechazan la “mermelada” en aras de mantener su independencia crítica.

La desconfianza que despierta el proceso de paz no es un capricho de un sector político opositor como asegura el presidente Santos, ni responde a una conspiración fríamente calculada para desestabilizar a su gobierno. Los colombianos del común, no necesariamente uribistas, ven con recelo el proceso de paz porque han sufrido por décadas el salvajismo de las Farc.

Santos no puede pretender que en un abrir y cerrar de ojos los colombianos empiecen a confiar en una organización criminal que ha desangrado a la patria, que ha engañado, que ha infundido terror en los niños, que ha puesto en jaque a la democracia.

¿Cuántas veces el anhelo de paz de los colombianos se ha visto frustrado porque simple y llanamente las Farc se resisten a dejar de delinquir?

 

Los números no mienten

En la reciente encuesta de Invamer-Gallup ha quedado de manifiesto que el 85.8% de los colombianos tienen una imagen desfavorable de la guerrilla de las Farc. De hecho, es la “institución” con mayor desfavorabilidad del país.

Así mismo, el 51.6% de los encuestados creen que las negociaciones con esa banda criminal van por mal camino –el 36.5% cree que va por buen camino- y el 59.9% intuye que este año no se llegará al acuerdo final.

El punto de la participación en política es el que más rechazo despierta en la opinión pública: el 77.7% de las personas consultadas por Invamer-Gallup se oponen a que los cabecillas de las Farc no vayan a la cárcel y además puedan ser elegidos y nombrados en cargos públicos. Solamente el 18.1% está de acuerdo con la elegibilidad y la impunidad.

La tal paz no existe

El gobierno ha vendido el proceso con las Farc como el camino para alcanzar la paz y la reconciliación entre los colombianos. Santos y sus negociadores se han encargado de vender la tesis de que una vez se firme el acuerdo final y la guerrilla entregue sus armas y desmovilice a sus hombres, el nuestro será un país distinto, sin violencia ni amenazas terroristas de ningún tipo.

Pero una cosa es lo que dice el discurso oficialista de la Casa de Nariño y otra muy distinta lo que piensan los colombianos:

  • El 73.9% cree que la violencia generada por razones ideológicas continuará
  • El 76.9% cree que las Farc no van a reparar a sus víctimas.
  • El 78.1% dice que las Farc no van a ayudar a combatir el narcotráfico.

Lo que queda claro que el enemigo son las Farc y no quienes se oponen a las generosas concesiones que el gobierno le ha dado a esa guerrilla, salvo que el presidente en medio de su paranoia crea que el pueblo colombiano es, en su inmensa mayoría enemigo de la paz.

@IrreverentesCol