En la antigua Grecia, cuando se reunían los padres de la Democracia a debatir sobre temas que afectaban el desarrollo social y la vida de los ciudadanos, existía un mandato preciso: quien tomaba la palabra para exponer argumentos en torno a los problemas que se ventilaban en los debates, no hablaba en nombre propio ni estaba a la caza de ventajas en favor de sus intereses personales.

Por principio, los políticos atenienses que tuvieron en Pericles a su máximo exponente,  sabían que cada uno de sus argumentos debía reflejar los valores de quienes representaban. En consecuencia, entendían que los ojos de los ciudadanos estaban puestos sobre sus actuaciones. Porque a la gente le dolía su familia y velaba por un mejor futuro para sus seres queridos.

Esta valiosa lección nos invita a ejercer una ciudadanía más fuerte en Colombia. Nos referimos a una ciudadanía basada en principios firmes. La realidad es que no podemos seguir siendo idiotas útiles que sólo servimos como electores en época de campaña.

¿Qué partido moderno del mundo se puede dar el lujo de desoír a sus bases? ¿Será que valen lo mismo que una brizna de paja? ¿Sólo basta tenerlos contentos en una campaña, para luego abandonarlos una vez obtenida la victoria? ¿Ahora los líderes de los partidos que despiertan sentimientos de esperanza en sus pueblos, toman decisiones importantes con sólo un adarme de sensatez? No me vengan a decir que los principios programáticos sólo están escritos sobre el papel…

Lejos del tibio escenario político nacional, donde observamos varios candidatos listos para competir por gobernaciones, alcaldías, concejos y juntas administradoras locales, muchos de los cuales lamentablemente no representan los anhelos de las bases, consideramos oportuno hacer borrón y cuenta nueva, a través de un voto libre y sin precio, como legítima expresión de una ciudadanía que se ha cansado de las medias tintas.

Al grano: Ángela Garzón resultó seleccionada como candidata a la Alcaldía de Bogotá, desconociendo las voces mayoritarias de los militantes del Centro Democrático. Tuvo más peso el público anónimo, ese que contesta cualquier cosa en la calle y puede terminar votando por Antonio Navarro o Claudia López, que los afiliados al partido de la mano en el corazón.

En fin, no sé quién es el que contrata y paga las encuestas que han definido los candidatos del Centro Democrático, pero me siento utilizado. Por consiguiente, en uso de mi libertad como ciudadano, públicamente digo que en este punto y hora de la campaña por la Alcaldía Mayor de Bogotá, no me siento representado por ningún candidato.

Como será de funesto el panorama que hasta Gustavo Petro celebró la decisión del Centro Democrático, a través de un trino donde festejaba la selección de la hija de Angelino como aspirante al segundo cargo más importante del país, en representación de la colectividad fundada por Álvaro Uribe.

Dejo consignado por escrito que no tengo nada contra la hoy candidata; de hecho, no la conozco. (Me encantaría entrevistarla, porque ha de tener muchas ideas para compartir con un electorado abiertamente adverso a su nombre).

Ángela es filósofa de “La Nacho” y tiene una maestría de “Los Andes”. Nacida en las entrañas de las huestes sindicalistas, seguramente repitió arengas contra el establecimiento, los gringos y el capitalismo salvaje en los años de su más tierna infancia (“¡presente, presente, presente!”); al empezar su vida pública hizo parte de las filas del Partido Liberal; luego, en el gobierno de la palomita, defendió la paz enmermelada, esa que cobró el partido de la U. Finalmente, con acierto estratégico, se unió al Centro Democrático.

#DeRelax: Porque voté No en el Plebiscito y me robaron a punta de falacias y de aquel famoso “Nobel” engaño; porque no creo en las Farc ni en su paz untada de cocaína; porque considero que la JEP es una lavandería descarada e infame, que se tapa los ojos ante crímenes cometidos por asesinos, incapaces de mirar a la cara a sus víctimas; y porque gracias a Dios soy políticamente correcto, votaré por un candidato que sí me represente: un candidato de Derecha.

El caso de Ángela Garzón ratifica nuestra condición de república bananera. Así somos: ¿eso nos merecemos?

@tamayocollins

Publicado: marzo 6 de 2019