Sin lugar a dudas, lo peor que le podría suceder a la Fuerza Pública es que terminara sumida en una dañina politización. Aunque el debate democrático es fundamental para la construcción del País, la disciplina y la jerarquía de las instituciones castrenses son el mayor activo que se debe salvaguardar a toda costa.

Digo esto a raíz del proyecto que se radicó en el Congreso en la presente legislatura, el cual busca darle la posibilidad a los soldados y policías de la Patria de acudir a las urnas. La iniciativa es noble y bien intencionada, eso no tiene discusión, pero el riesgo institucional es inmenso.

En primer lugar, permitir que la Fuerza Pública vote convertiría automáticamente a los batallones en fortines electorales de las estructuras políticas regionales. Es decir, los gamonales políticos competirían ferozmente entre sí para apropiarse de un numero de sufragantes para nada despreciable.

Nada más recordemos que el País tiene 442.864 uniformados, lo cual electoralmente equivale, por ejemplo, al número de votos necesarios para elegir en promedio a 6 Senadores. Además, si a esa cifra le agregamos los papás de los soldados y policías y sus respectivas novias o esposas estaríamos hablando de un potencial político de 1.3 millones de votos, lo cual tiene la capacidad de determinar no solamente las elecciones regionales, sino la misma Presidencia de la República.

En segundo lugar, es prácticamente imposible que los uniformados voten de manera libre, dado que bajo el estricto sistema jerárquico de la Fuerza Pública tanto suboficiales como oficiales, en la realidad, se verían obligados a acompañar el candidato del comandante del batallón o la división.

Es realmente ingenuo pensar que los uniformados que no acompañen al candidato del jefe no van a ser objeto de sanciones o castigos…

Lógicamente, esto no acarrearía ningún beneficio para la base de la Fuerza, sino simplemente para los miembros de la cúpula, quienes terminarían transando con los diferentes partidos el número de votos que le dan a determinado candidato.

En tercer lugar, la disciplina y el respeto a la línea de mando son baluartes históricos de nuestra Fuerza Pública. Sin importar si el Presidente de turno es de tendencia conservadora o liberal, los soldados y policías están siempre a disposición de servirle a los intereses superiores de la Patria y no a causas coyunturales de la política.

Además, darles la posibilidad de votar también implicaría abrir la puerta al debate electoral al interior de la institución, con lo cual no es nada difícil que se generen escenarios de insubordinación de los uniformados frente al Ministro de Defensa y primer mandatario de momento.

Por eso, la Fuerza Pública debe blindarse institucionalmente para no ser permeada por discusiones políticas. Con el evidente nivel de polarización que hoy en día existe en el País, permitirles votar a los uniformados fracturaría la cohesión al interior de las instituciones y pondría en riesgo la defensa de la democracia, acción que con valentía, determinación y eficacia han realizado nuestros héroes durante 200 años.

@Tatacabello

Publicado: septiembre 4 de 2020