¡Ni con pinzas!

¡Ni con pinzas!

La situación es tan compleja y tan harta que, como dicen las mamás: “¡no se agarra ni con pinzas!”.

Primera razón. El modelo ideológico que defienden algunos partidos políticos es incompatible con la Democracia. Ya va siendo hora de olvidarnos de atacar a las personas e ir de frente contra el modelo; por supuesto, me refiero al socialismo ateo y materialista que tiene como propósito imponer la dictadura del Estado sobre los ciudadanos. Lamentablemente numerosos colombianos que hacen parte de la élite joven, conformada por universitarios y profesionales entre los 18-35 años, que han tenido la oportunidad de estudiar, no paran de hacerle coqueteos a un perverso esquema ideológico que terminará guillotinándolos indefectiblemente. Por lo pronto, los índices de desempleo juvenil deberían invitarlos a reflexionar. Muchachos, entre chiste y chanza, vivimos como vive un país socialista, con marchas improductivas, sindicatos paquidérmicos y vagos pagados. ¿Quieren dar el paso a uno comunista?

Segunda razón. Varios de los cacaos que están detrás del poder y son responsables del buen suceso de importantes sectores económicos, en lugar de propender a un capitalismo real, que se traduce en una adecuada distribución del dinero, que se ve reflejada contante y sonante en los bolsillos de la gente, fruto del esfuerzo personal y del emprendimiento, se quedan callados ante la avalancha de impuestos que está reventando a los estratos 4, 5 y 6, donde se vive una agobiante “pobreza oculta” en numerosos hogares.

Tercera razón. Me pregunto si los subsidios que existen en Colombia para los estratos 2 y 3 realmente se justifican. ¿Por qué no mejorar los ingresos de todos y bajarle a tanta vagabundería estatal? ¿No es un hecho que el acceso a servicios públicos de calidad ha mejorado ostensiblemente en el país, que el nivel de escolaridad es cada vez mayor y que el porcentaje más alto de la población universitaria pertenece a dichos estratos, tanto en instituciones públicas como privadas? Quien desconozca el trabajo juicioso de millones de colombianos que se han parado de la nada, con perseverancia y disciplina, lo único que hacen es hundir a Colombia. La equidad es con todos, no se les olvide. No más populismo barato, por favor.

Cuarta razón. “Hay que evitar la estigmatización de los miembros de las Farc…”,  repiten fuentes oficiales para cumplir los acuerdos habaneros, negados y rechazados en las urnas por la mayoría del pueblo colombiano; otros, afirman con orgullo que “la democracia colombiana es un ejemplo de estabilidad para América Latina…”. ¿Van a seguir haciéndose los imbéciles cuando se les pregunta por la manera como se regalaron 10 curules a responsables de delitos de lesa humanidad, que hoy fungen como “congresistas” sin haber pagado un solo día de cárcel por sus crímenes?

En fin, lo importante es que a los señores del Partido FARC los liquidemos en las urnas, que ni siquiera alcancen el umbral. Ojalá se pensionen rapidito, para que se vayan lejos de Colombia, a chupar frío y trago, como escenario de una vejez planeada con antelación. Suecia, Noruega o Dinamarca los esperan. Esa será la verdadera paz para Colombia.

Con todo respeto: Le creo a Timochenko y sus camaradas. ¡Nada como el capitalismo! Hombres de 60 años y más, panzones y rozagantes, bien vestidos, disfrutando de la buena mesa, el buen dormir y los privilegios que ofrece la libertad, sumados a los mimos de un Estado secuestrado por ese acuerdo infame de La Habana, que obliga a cuidarlos con esmero, no van a ser tan torpes de devolverse a la selva, a los días de incertidumbre, mal sueño, carne de mico y paludismo. 

Las decisiones tomadas por alias “Iván Márquez”, alias “Jesús Santrich”, alias “El paisa”, alias “Romaña” y el resto de narcotraficantes que se han burlado de la “paz” habanera, nos ha dado la razón a quienes optamos y optaremos, cuantas veces sea necesario, por el NO.

@tamayocollins

Publicado: septiembre 4 de 2019

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