Ayer no solamente salió fortalecido Diego Molano, sino toda la Fuerza Pública ante los infames ataques que se hicieron en su contra. Como siempre, los sectores que se molestan con el actuar contundente de la institucionalidad buscaron fallidamente la cabeza de un Ministro que supo defender en el Congreso a los 442.000 uniformados que lo dan todo por Colombia.

Porque seamos claros, la moción de censura no era un ataque al titular de la cartera, sino a la Policía Nacional y las Fuerzas Militares. La forma en que la oposición descalificó la actuación de los soldados y policías de la Patria fue sencillamente detestable, pasando por alto el esfuerzo y sacrificio por el que han atravesado para proteger al País del terrorismo urbano que hemos sufrido el último mes.

De hecho, no había comenzado el debate en el Senado cuando los citantes ya estaban pidiendo el desmonte del Esmad y la reforma a la Policía. Objetivos que la izquierda radical ha tratado de hacer realidad hace varios años y que casi lo logran con el acuerdo de La Habana.

Los argumentos de fondo fueron prácticamente inexistentes y como nunca existieron las pruebas determinantes que deberían haber conducido a la salida del Ministro, la oposición enfocó sus esfuerzos en jugar a ser jueces y condenar por adelantado a los uniformados del País. ¡Qué peligro!

El Congreso hace control político, pero no es competente para investigar a los soldados y policías del País. Si algún miembro de la Fuerza Pública actúa de manera incorrecta, lo procedente no es salir a lincharlo mediáticamente, sino poner su caso en conocimiento de las autoridades competentes para que adelanten la respectiva investigación respetando el debido proceso y la presunción de inocencia.

Si es culpable, que sea sancionado. Si es inocente, que sea absuelto. Pero, en todo caso, que los cálculos electorales no desconozcan la separación de funciones de nuestro Estado y desconozcan las garantías procesales a las que todo ciudadano tiene derecho.

Consecuencia de este contexto, de un mal debate y de una enfermiza sed de venganza contra la institucionalidad, las mayorías del Senado cerraron filas para respaldar a la Fuerza Pública del País. En momentos tan difíciles como los que atraviesa Colombia lo último que necesitábamos era dejar huérfana a la cartera que tiene la responsabilidad de reestablecer el orden público en todo el territorio nacional.

Ahora, después de este importante respaldo del legislativo, el Ministro de Defensa cuenta con toda la legitimidad para seguir liderando los esfuerzos de seguridad del País. Hay que terminar de sacar adelante la fumigación con glifosato, capturar en flagrancia a los bandidos que violan la ley y bloquean las vías, desmantelar las estructuras criminales que están financiando el articulado plan de desestabilización de la Patria y seguir enfrentando sin titubeos a los grupos armados organizados que se quieren apoderar de las regiones.

¡Adelante Ministro!

@Tatacabello

Publicado: mayo 28 de 2021