Informe de David Meza Pretelt

Enviado especial a Mocoa

El primero de abril es uno de esos días agridulces que quedará marcado en la historia y la mente de los colombianos. Aquel día, toneladas de piedra, lodo y plantas se desprendieron de las montañas que circundan a Mocoa arrasando todo a su paso, en una avalancha sin precedentes que acabó con cerca de 320 vidas y puso en jaque el destino de una ciudad y sus miles de habitantes.

Varias entidades y figuras públicas venían alertando sobre las posibilidades de este suceso en el pasado, pero las advertencias no fueron tomadas en cuenta en su debido momento, como consecuencia de la inoperancia y la corrupción de gran parte de la dirigencia política local en un departamento que hoy en día gobierna el mismo partido del Presidente Santos: La U.

Esta grave situación se traslapa con otro suceso histórico que se tomó aquel día las ciudades del país. Cuando miles de colombianos se volcaron a las calles a través de una enérgica y pacífica manifestación convocada por múltiples sectores, contra la corrupción sin comparación en la que el actual Gobierno ha sumido al país. Hecho que se comprueba fácilmente viendo el pobre índice de favorabilidad de Santos que oscila entre el 18% y el 26%, dependiendo de la firma encuestadora.

El hecho que estas dos situaciones hayan coincidido es a su vez una lección para el país. Una nación en la que, por sus características naturales y meteorológicas hay un alto riesgo de desastres, no puede ver reducido su gasto en la gestión del riesgo a una tercera parte del que tenía originalmente, como lo determinó el Gobierno Santos en el presupuesto nacional de 2015. Además, hay que agregar a esto el alto grado de corrupción al interior de la entidad, que a nivel local se reparte como cualquier cuota política, por parte de gobernadores y alcaldes, sin proyectar la gran responsabilidad del cargo.

Analistas y líderes de la oposición suponen que la reducción del gasto en la gestión de riesgo, se hizo necesaria debido al estancamiento económico actual y como parte de la gran cantidad de recortes que viene haciendo el Gobierno para financiar los acuerdos de La Habana y mantener la condición de superciudadanos, por encima de la ley, que se les viene dando a los miembros del grupo narcoterrorista Farc.

Infortunadamente para el país, el desastre que dejó a miles en la calle, cientos de fallecidos y una ciudad sumida en una lúgubre destrucción, fue instrumentalizado por Juan Manuel Santos para hacer un gran despliegue mediático y montar un teatro en la ciudad de Mocoa con su gabinete, en un intento por lavar su imagen; teniendo como uno de sus propósitos minimizar los efectos de una marcha en la que el pueblo se unió entorno a la proclama “No más Santos, no más FARC”.

La puesta en escena santista

Los habitantes de la ciudad de Mocoa, fueron testigos del gran despliegue mediático y gubernamental de los primeros días. Por la plaza principal de la ciudad, donde se encontraban apostados los puestos de las entidades del gobierno y varias organizaciones humanitarias, desfilaron miembros del gabinete presidencial y figuras reconocidas del santismo en los primeros días de la tragedia, pero hoy en día los damnificados siguen padeciendo grandes dificultades y con la partida de las cámaras y micrófonos de la zona, han desaparecido también las pomposas puestas en escena gubernamentales.

El bálsamo mediático que Santos creyó encontrar en medio de esta dolorosa tragedia, no tardó en ser capitalizado por Maria Clemencia “Tutina” Rodríguez, quien es reconocida en los altos círculos de la sociedad por su carácter déspota y prepotente.

Fue en medio de este montaje mediático, donde testigos de primera mano le narraron a este medio una de sus salidas en falso:

Como es costumbre, cada vez que la Primera Dama planifique cualquier actividad que pueda servir a favor de su imagen, tiene entre sus múltiples acompañantes camarógrafos que deben registrarla para proyectar falsa bondad y mantener el espejismo mediático.

En una de estas oportunidades, al acercarse a uno de los más grandes albergues de la ciudad de Mocoa, Rodríguez se dispuso a ponerle unos zapatos a uno de los miles de niños damnificados por la avalancha, pero para su sorpresa, tras haber prestado ayuda al menor uno de sus camarógrafos le avisó que no había podido registrar el momento porque se había descargado su batería. De repente y con arrogancia, la Primera Dama respondió con improperios contra su empleado porque sintió perdido su esfuerzo y además no haber quedado registrada en video. Aunque por fortuna para ella, un segundo camarógrafo le comentó que el sí había podido hacer el registro y siguieron su camino. Todo esto ante la mirada atónita de quienes allí se encontraban.

Imágenes de la tragedia de Mocoa

Este tipo de comportamientos, enfocados a proyectar una falsa imagen de bondad y buen gobierno, se extienden también a los más cercanos funcionarios del actual Gobierno. Uno de estos personajes fue el político putumayense Guillermo Rivera, viceministro de Interior, quien reemplazó al polémico Carlos Ferro.

Rivera, haciendo gala de su oportunismo, dio testimonios a varios medios reconocidos por su filiación santista, mencionando la afectación que este suceso le ha causado, pero olvidó hablar sobre el poco riesgo que corrió su familia, poseedores de una mansión a una cuadra de la plaza principal (entre otras propiedades en la región), que no fue afectada por la avalancha.

Tampoco mencionó los múltiples escándalos por corrupción en los que se ha visto envuelto a nivel regional y nacional, que presuntamente fueron la razón por la que la gente no le votara en su aspiración al Senado, en las elecciones de 2014.

Al ex congresista, se le ha denunciado por distintas causas, como un presunto tráfico de influencias ante la procuraduría o el uso de recursos del Estado para promover sus aspiraciones políticas, como sucedió en la reciente campaña al senado.

A diferencia de muchos personajes del alto Gobierno que fueron a hacer política con el dolor, es clave reconocer el gran esfuerzo de policías y soldados que desde el primer momento acudieron al llamado de la ciudadanía, poniendo en riesgo sus vidas y sin buscar nada más que cumplir su deber con la ciudadanía.

Acciones heroicas y opuestas al comportamiento del Ministro Luis Carlos Villegas, delegado por Santos para contratar de forma express la “reconstrucción” de la ciudad (¿Otro Gramalote?), pudiendo entregar recursos a dedo a contratistas afectos al gobierno gracias a la declaratoria de emergencia y para rematar, quien hoy en día se encuentra a cargo de la cartera de Defensa y es el artífice de la rendición de las tropas de la defensa nacional ante las FARC.

El montaje mediático llevado a cabo por el Gobierno Santos al instrumentalizar la tragedia de Mocoa se encuentra lleno de situaciones que prueban cómo algo tan dramático y doloroso como la avalancha que arrasó con la ciudad de Mocoa, es utilizado como medio de manipulación de la opinión en momentos en que la imagen de Santos hace aguas y justamente después de grandes marchas en su contra.

@DMezaPretelt

Publicado: mayo 17 de 2017