Mi sueño Uribista es continuar aquel proyecto de país que empezó el Presidente Álvaro Uribe Vélez en el 2002; el que inició cuando todo parecía perdido en la seguridad y el terrorismo se estaba tomando el país. Con Uribe llegó la Seguridad Democrática, que logró una reducción en la tasa de homicidios en un 46%, pasando de 28.837 a 15.459 homicidios; el secuestro se redujo en un 90%, pasando de 2.882 a 282; y las acciones terroristas disminuyeron en un 71%, pasando de 1.645 a 471 casos.

Cuando todo parecía perdido para la economía, Uribe Velez llevó a que el Producto Interno Bruto (PIB) colombiano aumentara en un 105%; el desempleo se redujo en un 25%; y la inversión extranjera directa tuvo un aumento del 222%.

Cuando todo parecía perdido en términos de política social, Uribe disminuyó la línea de pobreza. Colombia pasó del 54% en 2002 al 37% en 2010; y los beneficiarios del SENA pasaron de ser más de 1 millón en 2002 a más de 7 millones en 2009.

Tal vez la mejor definición de liderazgo es aquella que dice que un líder es el que lleva a las personas a donde no habrían ido por su cuenta, y eso lo hizo Álvaro Uribe Vélez cuando llegó a la Presidencia de Colombia.

Uribe, con su ejemplo, cambió el pesimismo por optimismo; que llegó casi al 90% y, después de décadas de oscuridad, logramos ver esa luz que transformaría a Colombia en términos sociales, económicos y de seguridad.

Es por ello que los que tenemos el sueño de trabajar por su legado, tenemos un gran desafío ante la historia, pues defendemos el legado de un gigante. Por eso, a pesar de los ataques e infamias de las cuales fui objeto, no pienso responderles igual, porque, aunque me hierva la sangre de rabia, parto del hecho de que nosotros no somos iguales.

No podemos igualarnos al lenguaje rastrero, porque no somos de esa calaña. No podemos sucumbir a la ignorancia, porque no somos ignorantes y menos, responder con odio, porque en vez de llevar odio, nosotros amamos a Colombia.

También somos diferentes a aquellos frustrados que sueñan con desaparecernos, o que Uribe se retire porque no ven oportunidad para poder brillar con él al lado. Además, somos diferentes a los que hoy nos señalan de ser un extremo porque a ellos les cuesta tomar posiciones firmes, porque su cobardía los mantiene en la tibieza.

Si ser de un extremo es no haber aceptado ser parte de la mermelada de Santos, entonces con gusto diremos que somos extremo; si ser de un extremo es no haber servido de idiota útil para decir “yo voté por Santos, yo voté por su paz”, entonces con orgullo llevaremos ese  título de extremo.

Y ¡ojo!, que el problema no es con la paz, porque todos queremos lo mejor para Colombia; el problema es con todas las prebendas y la manera en que pasaron por encima de la ley para darle amnistía a delincuentes que todavía ni siquiera han cumplido con gran parte de lo pactado.

Me siento cada día más orgulloso de ser Uribista, porque serlo es alejarse de la hipocresía de la política; y a pesar de que nos ha tocado recorrer un camino muy duro, siempre hemos sido firmes con nuestros planteamientos. Nosotros estamos para grandes cosas y no para distraernos  en responder a los agravios de las tribunas del odio.

Tribunas del odio que siempre han estado presentes a lo largo de la humanidad, pero que hoy son más visibles por plataformas como las redes sociales. Ataques que en su gran mayoría provienen de personajes frustrados, cuyo único objetivo es aniquilar moralmente a las personas que se atreven a soñar o que les hablan con la verdad, que ponen de presente hechos y argumentos que se les convierten en una piedra en el camino.

Finalmente, los invito a no confrontarse más con ellos. Cambiemos las respuestas a esos ataques por propuestas que nos permitan soñar con perpetuar el legado de Álvaro Uribe Vélez, a fortalecer la democracia y construir para el futuro de un mejor país, de Colombia.

@jarizabaletaf

Publicado: junio 21 de 2020