En las últimas semanas el acueducto de Bucaramanga ha suspendido en varias ocasiones la captación de agua del rio Suratá que surte de agua potable a los habitantes del área metropolitana de Bucaramanga por presencia de mercurio; 163 microgramos de mercurio por litro. Grave, muy grave. 

Esta alerta se había activado tímidamente en el mes de febrero del presente año cuando se filtró un informe técnico de la Corporación Autónoma de Bucaramanga (CDMB) que advertía de la presencia de este elemento químico altamente peligroso para la salud del ser humano en las aguas del rio Suratá. Ese informe fue desestimado y minimizado por el mismo acueducto de Bucaramanga, alegando que el sabor, olor y, color inusual en el agua que estaba llegando a las casas se debía a la presencia de un alga. Tremenda confusión.  

En la provincia de Soto Norte están ubicados los municipios de California y Vetas. Esta región no sería de importancia para el país si en ella no quedara parte del Páramo de Santurbán y las minas de oro más deseadas desde la conquista, la colonia, y en el último siglo por mineros artesanales. 

Con la firma de los Tratados de Libre Comercio llegó a Vetas y California la empresa canadienses Eco Oro que compró la mayoría de los títulos mineros a mineros residentes en estos dos municipios. Paralelo a este proceso comercial, el Estado y la sociedad civil comenzaron el necesario debate de la protección de los páramos y las fuentes de agua natural que terminó con la legislación de la protección de los páramos a través de diferentes leyes que regulan desde la misma actividad minera hasta la declaratoria de Parque Natural y la delimitación que restringió las actividades mineras.     

La mayoría de los títulos de la empresa canadiense Eco Oro se encuentran en la parte alta del municipio de California, área que fue declarada de protección dentro del complejo del Páramo de Santurbán. Esta delimitación terminó en un Laudo Arbitral entre Eco Oro Minerales Corp. Y la República de Colombia (caso CIADI No. Arb/16/41) que tendrá que ser dirimido finalmente por un Tribunal Arbitral de Inversión.   

Como Eco Oro no pudo avanzar en el proyecto minero se vio obligada a abandonar no solo el proyecto, también la región, lo que abrió la puerta para que se activara la minería ilegal en sus títulos mineros, la cual se ejerce rutinariamente desde hace dos años, gracias a la narrativa que han construido activistas ambientales, gobernantes, políticos, medios de comunicación contra todos los proyectos de inversión internacional o nacional, lo que allano el camino para la ilegalidad. 

 La alcaldesa de California, Genny Gamboa Guerrero, esconde el problema solicitándole hasta el Vaticano legalización de mineros artesanales, sabiendo que no son más que mineros ilegales al servicio de una empresa que comienza a tener el musculo de criminal. 

La alcaldesa sabe que la quebrada Angostura nace en la parte alta de su municipio y que pasa por los títulos mineros de Eco Oro, explotados sin control por personas de su municipio, venezolanos, y otros venidos del sur de Bolívar. La ambición por el oro lleva a que se viertan los residuos de la minería ilegal (mercurio) en el la quebrada Angostura que alimenta las aguas del rio Suratá.   

La semana pasada en medio de un operativo del Ejercito contra esta actividad ilegal perdió la vida un minero de la región que realizaba junto a otras personas extracción de oro en los predios referidos.

La situación es tan grave que el mismo gerente de acueducto, Hernán Clavijo, se vio obligado a convocar rueda de prensa para advertir de lo que está ocurriendo en el rio Suratá. La Procuraduría General de la Nación a través del Procurador Ambiental pidió a las autoridades presentar “Plan de Choque”. La autoridad ambiental, CDMB, guarda silencio, la cosa no es con ellos. 

En privado se sabe quienes promueven la minería ilegal en California, quienes la financian, quienes compran el oro, también, quienes se benefician de este multimillonario negocio que comienza a desestabilizar la tranquilidad, la economía, y la vida de los habitantes de Soto Norte. Y los más grave. En Santander sabemos quienes están envenenado el agua de Bucaramanga y nadie hace nada por el miedo que genera tocar el tema del Páramo y del oro. Prefieren que la gente se envenene que la regulación.  

Mientras todo esto pasa, los integrantes del Comité del Páramo de Santurbán, que se han opuesto a rabiar a la legalidad, a la minería sostenible y vigilada, mantiene silencio sospechoso, siguen recibiendo condecoraciones al mismo tiempo que  comenzaron a aflorar los problemas inevitables de haber depuesto el orden constitucional y legal para darle paso al populismo, al activismo político, al capricho, a la vanidad que nos va a matar. 

@LaureanoTirado

Publicado: agosto 2 de 2022