En un mensaje conjunto las diferentes asociaciones médicas del país piden unos corredores por la salud para que las ambulancias lleguen a tiempo y el suministro de los medicamentos no se dilate en forma tal que los pacientes que están en cuidado intensivo reciban su atención a tiempo. Estos enfermos críticos no dan espera. Respaldo y elogio esta petición. Sin embargo, expresa la degradación que ha sufrido el paro donde derechos fundamentales han sido vandalizados y humillados. ¿Por qué no podemos protestar respetando la vida o la dignidad de la persona humana? ¿Atiza la espiral del descontento si se acude a la hoguera o la violencia sexual para incinerar la existencia o la intimidad de nuestra fuerza pública? Como brujos tratados estos ciudadanos colombianos cuya vocación es protegernos. ¡Corredores humanitarios: absurdo! La piedad y la compasión no deben tener límites.

Elaborar un perfil de la personalidad de los malhechores responsables de la destrucción del país es hablar del sello del psicópata. Son crueles, duros e inclementes. La empatía no existe y el daño físico que puedan ocasionar les resbala. Con una frialdad que intimida -témpanos de hielo- reciben las descalificaciones que el medio les hace. A su glaciar personalidad narcisista, le satisface interiormente, que les rindan cuenta y los hagan responsables de los destrozos. Desconocen las normas de convivencia y la obscuridad de la inmoralidad es su acompañante. Es el clásico escolar “maloso” que desde pequeño sus docentes le notan la ausencia de sintonía afectiva.

Se han postulado varias causas: historia personal y privación del cariño desde la infancia, seno materno que alimenta la empatía. Otra razón: influencia de un entorno familiar hostil en donde las circunstancias del ambiente lo hacen crecer con la mentalidad resentida y el “corazón del desquite”. Ante una mala nota escolar, justa, rayan el carro nuevo del maestro o el pupitre de la escuela. Desplazan su violencia y con actos destructivos corroen los entornos. La culpa es de los otros, ¡son ácidos desde pequeños!

Quizá lo interesante son los fenómenos biológicos que se han encontrado detrás de estas mentes asociales. Con visión multidisciplinaria de estudios, incluyendo genética y marcadores, y fotos en vivo mediante imágenes (Resonancia Nuclear Magnética Funcional, RNMf) permitieron detectar temprano las cadenas de proteínas atolondradas que tienen estos individuos de comportamiento amoral y que tanto lesionan la institucionalidad. Señalemos: menores conexiones entre la corteza prefrontal y la amígdala, disminuidas el número de fibras en el fascículo unicinado, defectos en la distribución de serotonina, mutación en el gen MAO-A, etc. Ojalá la carrera de la investigación llegue pronto a conclusiones terapéuticas rápidas antes que estos psicópatas arrasen con América Latina.

Una de las características de los psicópatas es el uso de la violencia instrumental. Aquella que se planifica con anticipación, premeditada y con el único propósito de hacer daño. Son los diseñadores de la maldad. ¿Cómo organizar un paro para bloquear las comunicaciones y que los camiones que llevan los alimentos no lleguen? Calculan con frialdad su éxito: desabastecer para hacer sentir ansia de comer. Convertir los mensajes del hipotálamo y transformar esas emociones de las personas en hienas hambrientas. Fomentar el “rebusque” y a qué precio. Enviar emisarios a reclutar jóvenes desadaptados de barrios marginados y contratarlos por 70 mil pesos. Único objetivo: corromper la protesta pacífica y traer la violencia a las calles. ¿Qué tal esta labor misional? Estos jóvenes colombianos que quienes los contratan los consideran desechables no les genera remordimientos. ¡Nadie los llora!

Hay que intentar conocer el cerebro de los que se deleitan con la crueldad e identificarlos. Esos que incitan la emoción social corrosiva para destruir esta patria agonizante que mira incrédula el abismo. Disfrazados de mesías y mercaderes de la pobreza. No les importa nada y vivirán como el vanidoso de Saint-Exupéry, solos en el planeta y así permanecerán a pesar de los pasajeros aplausos de hoy. La tarima de los principios siempre se ha impuesto. El cerebro de los colombianos es superior a esas ambiciones mezquinas y miserables. Nuestras convicciones rechazarán estas mentes predadoras y corazones perversos.

La violencia deja víctimas. Ajeno que sea su origen de derecha o de izquierda, ricos o pobres, blancas o negras, universitarias o analfabetas. El dolor del vientre de la madre es igual. Es quizá la mujer, hoy más que nunca quien, debe retomar la enseñanza de los principios desde la cuna. Es la única forma que la epigenética cambie la geometría biológica del ADN. Es la educación nuestra salvación y llevar, a la vida que está en la mente, los principios de la convivencia y del respeto. Para los antisociales no hay ya suficientes hospitales psiquiátricos en este país, seguirán violando las normas y atropellando los derechos. Su lóbulo frontal solo atiende y entiende el principio de autoridad. La delgada conexión entre emoción y juicio moral se quedó en las calles destrozadas.

@Rembertoburgose

Publicado: junio 3 de 2021