No hay duda, que el voto de los jóvenes entre 18 y 25 años será decisivo en la próxima elección presidencial en Colombia, como lo fue en la de Pedro Castillo en Perú y de Gabriel Boric en Chile, ineptos y mentirosos populistas que pronto han demostrado absoluta incapacidad para gobernar y están llevando a esas naciones a un insondable abismo.

Las protestas en Perú contra Castillo han sido violentas y es inminente su renuncia, mientras que, en Chile, la reprobación del gobierno de Boric ya es visible como resultado de sus disparatados anuncios y obtusas decisiones. Pero lo que resulta irónico, es que las protestas y la inconformidad, tanto en Perú como en Chile, son promovidas por los mismos jóvenes que eligieron a este par de anacrónicos comunistas.

De ahí la importancia que la juventud colombiana reflexione sobre el papel que jugará en las próximas elecciones, de manera que no se convierta en víctima de su propia decisión, y, que, de una vez por todas, entiendan, que lo que está en juego no es la elección de Federico Gutiérrez o Gustavo Petro, sino la vigencia de la democracia y la libertad o la imposición del comunismo y la miseria.

Para entender el presente y prospectar el futuro, es preciso que los jóvenes estudien el pasado; de no hacerlo, serán despistados lugareños o dóciles forasteros condenados a emular lo que otros hacen y a repetir lo que otros dicen, y, en consecuencia, la opinión de ellos será la última que escuchen.

Mucho fue lo que hicieron quienes los antecedieron y muy poco están haciendo para los que los sucederán; sin embargo, desconociendo el pasado y distorsionando la verdad, juzgan a los mayores sin piedad y se están acostumbrando al negacionismo y resignando a la mediocridad, lo que al parecer será, lo único que legarán a quienes los sucedan.

Dios ya no hace tantos milagros, ahora le corresponde hacerlos a padres y maestros; y el mayor milagro de nuestros días, es la educación formativa, no la informativa qué por teórica y enciclopedista es incapaz de cambiar y mejorar la realidad, y sí, capaz de avivar la desesperanza y frustración. 

Para modificar el presente y visionar el futuro, es necesario estudiar, estudiar, y volver a estudiar el pasado; pero más que eso, es necesario entender e interiorizar lo estudiado. No basta manosear ni memorizar los conocimientos; es necesario hundirse en ellos para entenderlos, analizarlos y asimilarlos, de manera que sean aplicables, prácticos y pragmáticos, de lo contrario, resultan inocuos o inútiles, y no evitan que se vuelva a incurrir en los mismos errores del pasado. 

Federico de Amberes dijo: “Somos lo que hemos leído y cómo hemos entendido y asimilado lo leído, y nos delatamos con la manera como escribimos y con la pronunciación, la entonación y el acento que tenemos al manifestar lo leído. Basta tan solo escucharnos o leernos, para saber, qué, cuánto y cómo hemos leído, y eso, es en realidad lo que somos.

No le faltó razón a Federico de Amberes, y para comprobarlo, tan solo basta escuchar y advertir cómo se expresan y escriben algunos jóvenes de hoy, lo que evidencia, la mediocridad y pauperización que los agobia, así como la adoración que profesan por ídolos de barro, que antes que promover en ellos la superación, les estimulan el ocio, la destrucción y el vandalismo.

Muchos jóvenes quieren triunfar y sueñan con el éxito, la realización y la satisfacción, pero para alcanzar esas metas, hacen lo mínimo necesario y no lo máximo posible. Le juegan a la suerte, a la providencia, a la influencia, al favor indebido, al atajo, al esguince, a la prebenda y a la componenda. Les aterra la disciplina, la exigencia, la excelencia y la competencia, y por querer acortar con trampas el camino, el que cada día se les hace más encumbrado, lo transitan de la mano del facilismo. Aunque suene crudo y duro, ese es el perfil dominante en la inmensa mayoría de los jóvenes de hoy y las sobresalientes excepciones confirman la regla.

Son muchos los jóvenes que sueñan con subsidios, subvenciones y asistencia, y con la adopción del fracasado, retardatario y regresivo modelo comunista. No sueñan con el esfuerzo, el empeño y la dedicación; tan solo anhelan la comodidad y la holgazanería, además creen, que para discrepar hay que maltratar, para controvertir hay que irrespetar y para protestar hay que destruir y vandalizar.

Ardua y exigente tarea tenemos padres y maestros para rectificar el camino y retomarlo hacia el norte perdido. De no lograrse, Colombia seguirá ahogada en la desinteligencia, el despropósito, el desvarío y la anarquía.

En suma, y con urgencia, necesitamos, que la educación siembre ciencia y virtud en la mente y corazón de los jóvenes, y plante la semilla de la disciplina, el orden, la exigencia, la excelencia y la competencia. De no hacerse así, permaneceremos a perpetuidad en el subdesarrollo.

De no modificarse el rumbo, la desidia que domina a las nuevas generaciones nos conducirá hacia el establecimiento de una violenta narcocracia, gobernada por disociadores, así como por crueles y despiadados criminales que se ufanan de someter la voluntad mayoritaria de la nación, fruto de la cínica y desvergonzada impunidad que sembró Juan Manuel Santos, quien destruyó nuestro ideario de principios, valores y convicciones, y violentó el orden constitucional, social y económico.

Si alguien discrepa de estas afirmaciones, y no percibe la descomposición social que nos asola, salga a la calle de cualquier ciudad de Colombia y advierta, la inseguridad y la degradación social, vial y urbana, y ojalá, pueda regresar íntegro, sano y salvo a su hogar.

Ojalá que los jóvenes renuncien el adoctrinamiento y se rebelen contra la manipulación populista de la que vienen siendo objeto, de manera que antes de adoptar cualquier decisión electoral, realicen un sereno análisis de consecuencias para así evitar que terminen siendo los responsables de la destrucción de la democracia y de la pérdida de la libertad, tal y como sucedió en Cuba, Venezuela y Nicaragua, y empieza a suceder en Perú y Chile.

@RRJARABA

Publicado: abril 12 de 2022