El artículo de carátula de Semana, “Las Carpetas secretas”, debe haber llenado la copa del gobierno Duque. Eso espero. ¿No es tiempo de tomar el toro por los cuernos en lo que respecta al foco de corrupción, filtraciones y campañas de desestabilización política que la propia revista reconoce que existe en ciertas oficinas de las fuerzas armadas? 

La revista, que juega con el gobierno y los militares como un gato sádico con un ratón antes de devorarlo, ha develado en artículo publicado en las ultimas horas, “Los escándalos de los ‘hombres bomba’ del Ejército Nacional”, que el régimen de Juan Manuel Santos convirtió al Comando General de las Fuerza Militares, en un verdadero Patio de Monipodio.

Con sinceridad, que raya en el cinismo, la revista deja entrever que varios de sus artículos “memorables”, tienen como fuente el Comando de las Fuerzas Armadas, donde hay un grupo de doce militares (entre oficiales y suboficiales), “que ha estado metido en los más grandes escándalos que han terminado sacudiendo al Ejército Nacional. No son los únicos pero son los encargados de realizar estos trabajos poco transparentes para los superiores de turno”.

Al hacer memoria, la revista recuerda que hay un “grupo de militares que lleva más de una década siendo los protagonistas de los principales casos de chuzadas, seguimientos ilegales y espionaje, entre ellos el más reciente revelado por SEMANA”, que generalmente terminan como material graciosamente filtrado a periodistas.

Filtraciones como esa produjo el artículo que sirvió para desprestigiar en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2014 a Oscar Iván Zuluaga, “¿Alguien espió a los negociadores de La Habana?”. 

De esa cloaca inaugurada por el régimen de Santos, salieron los datos para escribir famosos artículos desestabilizadores y ajustes de cuentas con generales y coroneles a quienes el régimen de Santos o los negociadores de La Habana querían defenestrar. Citan, entre otros textos inspirados por los ‘hombres bomba’, “La Sala gris” de febrero de 2014,  “Espías y Traición en el comando de las Fuerzas Militares” de noviembre de 2017 y “Dineros camuflados” de abril de 2018“.

Sí. Semana llama a esas lacras institucionales y morales que han recorrido completa las listas de pecados capitales y delitos del código penal, los ‘hombres bomba’. Dice que por “lo que saben y por lo que podrían revelar se volvieron imposibles de tocar, porque de hacerlo estallarían y las consecuencias para la institución serían desastrosas”. Semana dice que eso se los dijo un general de la cúpula militar. Yo, más bien, pienso que ese piensa Semana.

Pero no. No queda otra salida que ‘tocarlos’ y ya. ¡Que exploten! Y rapidito. Si alguna ventaja tienen el presidente Duque y el ministro Carlos Holmes Trujillo, es su transparencia. Ellos se pueden arrimar a todas las candelas porque no tienen rabo de paja. “(Nuestra) política es cero tolerancia hacia cualquier conducta que esté al margen de la ley. No me temblará la mano para tomar las decisiones a que haya lugar”, les notificó el ministro Trujillo, tanto a los “hombres bomba”, como a los generales que dicen temerles y a los periodistas que creen que esa fuente de escándalos y extorsiones nunca se agotará. Pues, ¡se tiene que agotar!

Operativos como los que denuncia Semana en “Las Carpetas secretas”, un “programa de seguimiento informático en el que la mayoría de sus blancos fueron periodistas, varios de ellos estadounidenses. Políticos, generales, oenegés y sindicalistas”, son una burla a todo, pero particularmente a la inteligencia de los colombianos. 

Con semejante comedia como la que armaron contra periodistas extranjeros “siguiéndolos en las redes sociales”, justificaron infiltraciones en la vida privada de las personas, desestabilizaron -ridiculizaron, diría yo- a la cúpula militar que remplazó a la del general Mejía, quieren poner en aprietos políticos al gobierno del presidente Duque y al uribismo y, sobre todo, robaron. Robaron millonadas. Porque los ‘hombres bomba’ son ante todo -y Semana lo reconoce-, unos ladrones redomados.Hace poco Los Irreverentes informaron que una ex editora de Semana factura a la alcaldía de Bogotá la elaboración (escritura) de cada tuit a más de millón de pesos. Pues los ‘sabuesos’ que trabajan en el Comando de las Fuerzas Armadas resultaron ser más listos: cobran un millón por cada tuit, pero no por escribirlo, sino por leerlo.

@JOSEOBDULIO

Publicado: mayo 4 de 2020