Sergio Fajardo no ha querido entender que necesita de la derecha para ganar. Lejos de cautivar a este electorado, lo maltrata torpemente y se gana su fastidio. Un error de análisis del contexto actual que lo tiene lejos, bien lejos, de pasar a segunda vuelta. 

A diferencia de otros años, estas elecciones no giran en torno al continuismo o la oposición al Gobierno de turno, sino al riesgo institucional y económico que representa Gustavo Petro. Esa es la pauta que marca la agenda y que Fajardo no ha leído correctamente.

En efecto, él cree que atacando ferozmente al Gobierno y al Centro Democrático va a capitalizar electoralmente la baja favorabilidad de esta administración, pero eso no sucede por dos grandes razones. La primera, es que ese voto rechazo a Duque ya está en cabeza de Petro. Al fin y al cabo, la izquierda ha hecho una oposición mucho más firme, visible y consistente que la adelantada por el centro.

De hecho, insultar al Presidente Uribe o a los Ministros lo pone a competir con un nicho que ya tiene dueño y lo aleja de los votantes que realmente debe conquistar. Algo parecido a lo que le ocurrió a Vargas Lleras en 2018 cuando intentó fallidamente cautivar a una derecha que ya tenía candidato sólido para después terminar acerándose a un centro con el cual no tenía identidad.

La segunda, es que ni las personas ni el mercado están pensando en si Duque ha sido buen o mal Presidente. Ese es un tema irrelevante en esta contienda. La verdadera preocupación del País es cómo evitar que llegue a la Casa de Nariño un sujeto que amenaza la independencia técnica del Banco de la República, quiere revivir el caos administrativo del Seguro Social a nivel territorial, propone una expansión desmesurada del gasto público y sueña con utilizar el ahorro pensional y la emisión de moneda como fuentes mágicas de financiación del presupuesto, entre otras perlas.

Por eso, la viabilidad de los candidatos no gira en torno a si atacan o defienden al Centro Democrático, sino a su capacidad de unión, de construir consensos con la mayor cantidad de sectores posibles y de dejar a un lado las discusiones partidistas para defender una estructura institucional.

Algo que, paradójicamente, supo hacer Fajardo a lo largo de su carrera política, con excepción de esta ocasión. Por ejemplo, una vez conocido el resultado de las consultas lo que debía hacer era tratar de arrebatarle a Fico parte de su apoyo, para lo cual era fundamental designar una fórmula vicepresidencial de tendencia conservadora que no generara rechazo en el centro y que fuera recibida con buenos ojos en la derecha.

Sin embargo, en vez de sumar hizo todo lo contrario. Nombró a Murillo con la única esperanza de quitarle votos afros a Francia Márquez y se encerró aún más en un centro que quedó maltrecho el 13 de marzo, adicional al hecho de arreciar sus ataques enfermizos contra el uribismo.

No en vano no ha podido despegar en las encuestas. Por el contrario, Fico, que ha sabido leer el contexto, no ha caído en insultos y busca el diálogo con todos los sectores, ya duplica sus números. Sabe que el voto útil es su mejor compañero y que el objetivo no es Duque, Uribe o Santos, sino Petro.

@LuisFerCruz12

Publicado: abril 6 de 2022