Parece ser un hecho la compra de la participación de la Nación en ISA por parte de Ecopetrol. Un negocio de $14 billones que se debe analizar en detalle. Más aún, cuando está de por medio uno de los activos más estratégicos del Gobierno y las condiciones en que se lleva a cabo la operación son bastante extraordinarias.

Lo bueno

Para nadie es un secreto que la pandemia puso en aprietos las finanzas de la Nación. El endeudamiento del País  aumentó en 10 puntos del PIB y hoy Colombia está ad portas de perder el grado de inversión, lo que implicaría un incremento en las tasas de interés con que los mercados internacionales le otorgan créditos al Gobierno.

Para evitar tan trágico escenario, el Ministerio de Hacienda le apuntó a dos frentes. Por un lado, en el Presupuesto General de la Nación 2021 se contemplaron ingresos por $12 billones por concepto de enajenación de activos. Por otro lado, es urgente tramitar una reforma tributaria que recaude un estimado de 2 puntos del PIB, algo cercano a los $20 billones.

En este contexto, la venta de la participación de la Nación en ISA conllevaría el ingreso de $12 a $14 billones que permitirían cumplir las proyecciones del Presupuesto, evitar el congelamiento de recursos y, lo más importante, al ser Ecopetrol el adquiriente el Estado no perdería el control de la empresa. No habría una privatización y la petrolera empezaría a diversificar sus inversiones y a hacer el tránsito a las energías limpias. En teoría, un muy buen negocio.

Lo malo

Deja un sinsabor el hecho que el Ministerio de Hacienda haya descartado de plano la oferta no vinculante que le formuló el Grupo de Energía de Bogotá, quien, al igual que Ecopetrol, buscó hacerse a la participación de la Nación en ISA.

¿Cuáles fueron las condiciones que se plantearon en cada oferta? ¿Cuál propuesta realizó una mejor valoración de la compañía? ¿Con cuál opción ISA tenía mejores proyecciones de crecimiento a futuro? ¿Por qué no se hizo una convocatoria con un plazo mayor donde pudieran confluir más oferentes?

Muchas preguntas y ninguna respuesta.

Lo feo

La única forma en que una empresa estatal sea competitiva y no se convierta en un fortín político, como sucede con las entidades públicas, es que esta cuente con un sólido programa de gobierno corporativo. Es decir, que se garantice que su operación y funcionamiento acatará ciertos protocolos, gozará de un margen de independencia y no se verá absorbida por los cambiantes lineamientos de los mandatarios.

Indiscutiblemente, la repentina oferta de Ecopetrol deja un manto de dudas. ¿Acaso esta propuesta obedeció a una orden superior que debió acatar la petrolera? ¿Está Ecopetrol en condiciones idóneas para realizar una inversión de semejante tamaño? ¿Fueron tenidos en cuenta los accionistas minoritarios? Y lo más importante, ¿afectará está operación la valoración de las calificadoras de riesgo?

Que la Nación requiere incrementar sus ingresos está fuera de discusión. Sin embargo, una operación de esta naturaleza debería hacerse con calma, sin carreras y de manera mucho más abierta. Todavía hay muchas preguntas sin respuestas que deberían ser atendidas para proteger el devenir de los actores involucrados y evitar que por apagar incendios puntuales terminemos quemando el grueso del bosque.

@LuisFerCruz12

Publicado: febrero 10 de 2021