Secretaría general del Senado ratifica que las 16 curules para las Farc no obtuvieron los votos suficientes para su aprobación. 

No le salió bien el intento al gobierno para robarse el resultado de la última votación que tuvo lugar en el senado de la República mientras estuvo vigente el cuestionado fast track, mecanismo con el que el Ejecutivo hizo expedir de forma expedita un importante número de normas con las que se implementará el ilegítimo acuerdo con la banda terrorista de las Farc.

Desesperado ante la confirmación del hundimiento de las 16 curules para las Farc, el politiquero ministro del Interior, Guillermo Rivera, creyendo que podía embaucar al parlamento como si este fuera la asamblea de su natal departamento del Putumayo, se inventó una fórmula exótica, por no decir ilegal, todo con el fin de hacer creer que los votos que obtuvo aquella iniciativa eran suficientes para que ésta fuera aprobada.

LOS IRREVERENTES pudieron constatar que la decisión adoptada por la secretaría general del Senado en el sentido de que aquel debate quedó clausurado y no podrá ser revisado, es perfectamente irreversible. Una vez se certificó formalmente que no se alcanzaron los votos suficientes, ninguno de los presentes en la plenaria apeló dicha conclusión. De hecho, transcurrió cerca de una hora desde el momento en que se produjo la votación, hasta que la plenaria fue levantada, y absolutamente nadie –ni del gobierno ni de la bancada oficialista- alegó que los 50 votos obtenidos a favor de las 16 curules para las Farc eran más que suficientes.

Los reclamos sobrevinieron después, seguramente cuando llegaron las órdenes desde los cuarteles de las Farc o desde el despacho del presidente.

Es natural que un tramposo como Santos, que edificó su carrera política a través de engaños, traiciones, robos y hasta pactos con organizaciones criminales, como cuando fraguó un golpe de Estado contra Ernesto Samper en los campamentos de las Farc y las desparecidas AUC, pretenda burlarse una vez más de las decisiones institucionales para efectos de imponer a la brava su voluntad y la de su principal socio político, el extraditable alias Timochenko.

El quórum del Senado de la República es de 102 senadores. Tres de ellos, todos santistas, están en la cárcel, pero no existe certeza de que una orden judicial en firme haya decretado la denominada “silla vacía” y sin que aquello ocurra será imposible recalcular el quórum, y en consecuencia las mayorías que en efecto se requieren para aprobar una iniciativa en el senado.

Si alguien tenía dudas de la catadura de Santos, este lamentable episodio se las ha despejado. Cuando salga del poder, su gobierno le habrá dejado una imborrable impronta de corrupción y desinstitucionalización en el alma de la República.

En algo ha sido consistente el presidente de la República: en su talento para engañar. Engañando a más de 9 millones de personas, ganó las elecciones de 2010. Engañando a la ciudadanía, negoció un acuerdo de claudicación ante la banda terrorista de las Farc. Engañando al pueblo, dijo que los cabecillas de esa estructura narcotraficante jamás serían elegidos en cargos de elección popular. Engañando a los electores que en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 mayoritariamente votaron por el NO, se robó dicho resultado. Y ahora, engañando al Congreso de la República a través de leguleyadas tramposas, intenta pasarse por la faja un hecho que es perfectamente incontrovertible, como es el hundimiento de las 16 curules que su gobierno pretendía entregarle a las Farc, además de las 10 que ya le fueron adjudicadas.

Si Santos efectivamente insiste en hacerle ese nuevo esguince a la democracia, tendrá que llevar a cabo acciones drásticas como hacer meter preso al secretario del Senado, Gregorio Eljach, para efectos de facilitar el nombramiento de uno nuevo que se preste para el ilícito que pretende cometer. ¡Casos se han visto!

@IrreverentesCol

Publicado: diciembre 4 de 2017